El pánico al coronavirus, una perspectiva conductual

Según la Asociación Mundial de Operadores de Telefonía (GSMA), “la preocupación mundial sobre la epidemia de coronavirus, la preocupación sobre los viajes y otras circunstancias” hicieron imposible la celebración del Mobile World Congress (MWC) de Barcelona. Esas “otras circunstancias”, no son sino la oleada de cancelaciones de las compañías más importantes asistentes al evento, por el temor al contagio del coronavirus de Wuhan, bautizado por la Organización Mundial de la Salud como COVID-19.

¿Es racional, incluso razonable, este pánico al nuevo coronavirus? Pongamos en contexto este brote epidémico. Sin duda, impresiona el volumen de casos confirmados (más de 80.000 en el momento de escribir esta entrada), pero pese a ello, con los datos disponibles, el número de personas infectadas de media por cada persona que contrae el virus es análogo al de la gripe común (alrededor de 2,2) y muy inferior al de otros virus que infectan el tracto respiratorio (entre 12 y 18 en el caso del virus del sarampión). Asimismo, aunque el número de fallecimientos atribuibles a esta epidemia (alrededor de 2.700) es ya muy superior al que causaron otros coronavirus anteriores, como el de la epidemia del SARS en 2003 (menos de 800 fallecidos) y del MERS en 2013 (cerca de 850 defunciones), su letalidad (relación entre fallecidos e infectados) es muy inferior (entre un 2% y un 4% en la provincia de Wuhan, un 0,7% fuera de ese territorio, frente al 10% y 34%, del SARS y MERS, respectivamente). Y esta menor tasa de mortandad se debe a que la inmensa mayoría de los pacientes diagnosticados son leves (más del 80%), por lo que el número de pacientes recuperados es muy superior al de pacientes fallecidos (casi 27.800 pacientes restablecidos frente a 2.700 difuntos). La tendencia que experimenta la propagación de la epidemia en China, además, es descendente: desde el 13 de febrero, el número total de casos confirmados diariamente ha disminuido en un 95% (14.400 contagios menos).

El brote de COVID-19 no es aún una pandemia. El 97% de los casos se concentra en China. El número de casos confirmados fuera de ese país apenas sobrepasa los 2.600, habiéndose producido únicamente 42 fallecimientos. En Europa hay 377 casos en doce países, pero el 85% de los casos se hallan en Italia. Y su mortalidad es minúscula en comparación a la de la gripe común. Lean esto con atención, por favor: cada año fallecen en el mundo, a consecuencia de la gripe estacional, entre 290.000 y 650.000 personas, con unos 10 millones de afectados. En España, durante la campaña de la gripe 2017/2018 fallecieron por esta causa 15.000 personas. En la campaña más reciente, 2018/2019, murieron 6.300 personas. Este año, sólo en la Región de Murcia, han fallecido ya 8 personas. La práctica totalidad de las personas que mueren a consecuencia del nuevo coronavirus se encuentran dentro de los mismos grupos de riesgo que fallecen a consecuencia de la gripe estacional, esto es, básicamente ancianos e individuos inmunodeprimidos.

¿Recuerdan la terrible pandemia del virus H1N1 de la gripe A del año 2009? ¿Saben qué ocurrió? Que el pánico se apoderó de gobiernos y ciudadanos, de forma que se adquirieron abundantes reservas de Tamiflu, el antiviral que nos iba a salvar de la hecatombe. Resultó que la hecatombe no llegó y que el año pasado, 2019, hubo que deshacerse de las mencionadas reservas, que caducaron: 50 millones de euros por un medicamento que, además, sólo ahorra medio día de gripe. Por cierto, ¿saben cuál es el principal subtipo de virus detectado en la presente campaña de gripe 2019/2020? Pues sí, el subtipo H1N1 del virus de la gripe A.

¿Por qué entonces tantas empresas cancelaron su asistencia al Mobile World Congress? Keynes, uno de los grandes economistas precursores de la economía del comportamiento, nos proporciona la clave: cada gestor de riesgo de una gran multinacional toma sus decisiones pensando en lo que hará el promedio de sus iguales de otras compañías, porque no quiere arriesgarse a fallar. Su sueldo y su reputación dependen de ello. Esta forma de actuar favorece comportamientos de “rebaño”. En cuanto alguno de estos “expertos” comienza a recomendar a la dirección de su empresa que no asista al congreso, los demás le siguen. La misma lógica condujo al acaparamiento de Tamiflu en 2009. Aunque el riesgo fuese remoto, ningún gobierno quería exponerse a verse acusado por sus ciudadanos de pasividad ante la crisis.

Durante 2003, año de eclosión de la epidemia de SARS, se sucedieron los pronósticos económicos catastrofistas. Como han demostrado análisis posteriores, el impacto económico de aquella epidemia resultó ser muy inferior a lo previsto. Hoy día China está mucho más integrada en la economía global de lo que lo estaba entonces (aporta un tercio del crecimiento mundial, representando el valor de su producción un 18% del total), de forma que las pérdidas económicas que puede provocar la nueva epidemia pueden ser mucho mayores… sobre todo si nos dejamos llevar por el pánico. Keynes diría que corremos el riesgo de sucumbir ante impulsos viscerales que conduzcan a que las profecías apocalípticas se hagan realidad. Necesitamos una vacuna pronto contra COVID-19, sí, pero también contra la irracionalidad.

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3 ideas sobre “El pánico al coronavirus, una perspectiva conductual”

  • Vicente
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