
Los prospectos que acompañan a los medicamentos suelen pasar desapercibidos o ser considerados simplemente como un requisito legal. Sin embargo, ¿podrían tener un valor intrínseco para los ciudadanos más allá de la información clínica? Esta es la cuestión que aborda el estudio titulado The Intrinsic Value of the Information Contained in Medicine Leaflets, recientemente galardonado con el premio Alexandre Pedrós al mejor artículo publicado en Hacienda Pública Española / Review of Public Economics en el año 2024.
El trabajo, firmado por José María Abellán-Perpiñán, Fernando-Ignacio Sánchez-Martínez, Jorge-Eduardo Martínez-Pérez y Jorge-Luis Gómez-Torres, de la Universidad de Murcia, utiliza la metodología de la valoración contingente para estimar cuánto estaría dispuesta a pagar la población por recibir información cuantitativa clara y comprensible sobre la eficacia y los efectos adversos de un medicamento. Esta técnica, basada en encuestas, permite asignar un valor monetario a bienes no comercializados, como la calidad de la información sanitaria.
¿Por qué valorar el prospecto?
La teoría económica estándar suele centrarse en los resultados tangibles de una intervención sanitaria, como los años de vida ganados. Sin embargo, autores como Donaldson y Shackley (1997) han argumentado que las características del «proceso», como la forma en la que se transmite la información, también generan utilidad. El prospecto, en este sentido, representa un canal clave de comunicación que puede mejorar la percepción del tratamiento y fomentar la adherencia. Comunicar riesgos de forma comprensible y visual, en especial mediante frecuencias naturales, puede reducir la percepción errónea de los efectos adversos e incrementar la confianza del paciente.
Diseño del estudio
El estudio diseñó una encuesta de valoración contingente administrada a 217 personas adultas en la Región de Murcia. Se compararon dos versiones del prospecto de un medicamento hipotético (un anticoagulante): una tradicional (figura 1) y otra, presentada como un folleto complementario al prospecto tradicional, que incluía datos cuantitativos sobre eficacia y riesgos en formatos visuales comprensibles (figura 2), según recomendaciones basadas en la evidencia sobre comunicación de riesgos (Gigerenzer et al., 2007; Yamagishi, 1997; Pinto et al., 2006).
Figura 1. El prospecto tradicional

Figura 2. El folleto complementario

Con el objeto de que los encuestados comprendiesen los beneficios y riesgos de tomar el anticoagulante, se les entregaron unas tarjetas explicativas de lo que representa sufrir un infarto de miocardio y una hemorragia digestiva. La figura 3 muestra la tarjeta utilizada para describir esta última.
Figura 3. Tarjeta explicativa de una hemorragia digestiva

La muestra se dividió en dos grupos. En el grupo 1, los participantes valoraron por separado el medicamento y el folleto adicional, mediante sendas preguntas de disposición a pagar (DAP). La figura 4 muestra el cartón de pagos empleado en este grupo para valorar el folleto adicional. En el grupo 2, en cambio, se realizó una única pregunta de DAP a cada entrevistado, para obtener su valoración conjunta del medicamento más el folleto y, a continuación, se le solicitó que estimara qué porcentaje de su DAP total correspondía específicamente al folleto, utilizando a tal efecto una escala visual analógica de 0 a 100. Esta doble estrategia permitió comprobar la robustez de las respuestas y detectar posibles efectos de elicitación (Tversky et al., 1988), esto es, contradicciones entre dos formas de preguntar lógicamente equivalentes. En las preguntas de DAP se recurrió a un formato mixto, que combinaba un cartón de pagos conteniendo diferentes precios posibles que el entrevistado tenía que aceptar o rechazar, seguido de una pregunta abierta, una vez delimitado un intervalo de posibles cuantías suficientemente reducido.
Figura 4. Cartón de pagos para la valoración de la información sobre riesgos y efectos secundarios (grupo 1)

Principales hipótesis y resultados del experimento
La hipótesis principal del experimento plantea que la disposición a pagar por recibir información cuantitativa sobre la eficacia y los efectos adversos del medicamento será significativamente mayor que cero, lo que evidenciaría que las personas atribuyen a este tipo de información un valor intrínseco.
Los resultados confirmaron esta hipótesis (tabla 1), observándose en ambos grupos una DAP positiva para el folleto adicional. En el grupo 1 dicha DAP se obtuvo directamente, de manera separada, mientras que en el grupo 2 los valores se calcularon aplicando a la DAP conjunta por el medicamento y el folleto el porcentaje atribuido a este último por los encuestados en la escala visual. Los participantes mostraron una DAP significativamente distinta de cero, en términos estadísticos, por recibir información adicional de entre 0,60 € y 1 € al mes, valores comparables con estudios previos como el de Dealy et al. (2021) en Estados Unidos.
Tabla 1. Disposición a pagar (DAP) por el folleto complementario (€)

En el grupo 2, aunque 35 personas declararon un valor nulo por el folleto, el valor medio resultó ser significativamente superior al del grupo 1. Esta diferencia puede explicarse por el formato de respuesta (la expresión de un porcentaje sobre una escala visual), lo que pudo inducir una sobreestimación, debido a cierto grado de imprecisión en las preferencias (DuBourg et al., 1997) o bien como consecuencia de un efecto de atención (Bordalo et al., 2016).
Además, los análisis econométricos mostraron que la DAP se relaciona positivamente con el nivel de ingresos y con la edad (aunque de forma no lineal), lo cual apoya la validez teórica del instrumento utilizado.
Conclusiones
Este estudio pone de relieve el valor económico que los ciudadanos asignan al hecho de disponer de una información clara y comprensible en los medicamentos, y ofrece implicaciones relevantes para reguladores y responsables de políticas sanitarias. En un contexto de creciente preocupación por la alfabetización en salud, integrar herramientas de comunicación más eficaces y adaptadas a las capacidades del paciente se convierte no solo en una cuestión ética, sino también económica.
El estudio contribuye a la literatura sobre la valoración de bienes de no mercado, mostrando que incluso aspectos intangibles como la forma y claridad de la información tienen valor para los ciudadanos. No obstante, el estudio adolece de limitaciones como el tamaño y representatividad de la muestra, así como no haber entrevistado a pacientes reales. También cabe destacar el elevado nivel de anumerismo detectado en nuestra muestra, donde solo un 36% de los entrevistados demostraron poseer habilidades numéricas suficientes como para interpretar correctamente riesgos pequeños; una barrera importante para una comprensión adecuada de la información cuantitativa, ya señalada por García-Retamero et al. (2019), entre otros.
Asimismo, los resultados sugieren que el modo en que se pregunta por el valor de la información puede influir notablemente en las respuestas. Ello invita a reflexionar sobre la necesidad de desarrollar metodologías más sólidas y sensibles para capturar las preferencias ciudadanas en materia de información sanitaria. La combinación de métodos de valoración contingente con experimentos de elección discreta podría ser una vía prometedora para investigaciones futuras.

