Economía y salud
BOLETÍN INFORMATIVO - Año 2010. Octubre. nº 69
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Editorial Junta Directiva AES
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Crónicas XXX Jornadas AES
Reseña de libro
XXXI Jornadas de Economía de la Salud
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Program on Pharmaceutical Policy Issues, de la Fundacion Merck



Félix Lobo

Universidad Carlos III de Madrid

 

Madrid mayo de 2010

Una calurosa tarde de junio de 1999 corría apresurado calle Castelló arriba. Quedaban pocos minutos para que cerrara la empresa de mensajería.  Era la última oportunidad para enviar a tiempo la propuesta que un consorcio, recién hilvanado por algunos economistas de la salud, de las universidades Pompeu Fabra (UPF) y Carlos III (UC3M), presentaba a una importante beca convocada por The Merck Company Foundation. ¡Uf! Cuando llegué el empleado se había levantado ya a echar el cerrojo, pero afortunadamente los papeles salieron a tiempo de llegar a New Jersey el último día del plazo.

El consorcio surgió en pocos días gracias al interés y la inteligencia de Jaume Puig y Vicente Ortún. Decisivos fueron también los ánimos que nos infundieron Regina Revilla y Paloma Fernández Cano de Merck España, y también desde la Dirección General de Farmacia Antonio Luaces y Federico Plaza, que nos prometieron su colaboración en los futuros estudios y actividades propuestas. Cuando éste último, en no sé qué reunión en Helsinki, me informó de que el consorcio español había sido seleccionado casi me tiro al lago de alegría. Decisiva fue también la tarea organizativa de Elena Illera, con la que después de unos años me casé, un efecto colateral de la Beca Merck que no todos conocen y que mi innata timidez me ha impedido presentar ante los comités de evaluación. Y también reforzó mucho la solicitud primera Pedro Lobato, de la Complutense, que luego por avatares de la vida, desembarcó del navío cuando las velas empezaban a hincharse.

Haber trabajado en la gestión de la Beca Merck con las personas mencionadas y también con Jeff Sturchio, Sergi Jiménez, Ana Guerrero, Mercedes Cabañas, Juan Oliva, Francisco García Saavedra o Praveen Kujal ha sido una de las mejores experiencias profesionales que he tenido. Aprendí mucho, en carne propia, sobre lo que en los libros había leído acerca de la empresa de la investigación. Por ejemplo, que es una industria más a largo plazo que el ladrillo, o que a los investigadores les mueven motivaciones variadas que van mucho más allá de los incentivos monetarios o que tener dos competentes paladinas (hallazgo lingüístico mucho más bonito que mediadora o facilitadora), como las ya mencionadas Regina y Paloma, convierte la vida del gestor en dulce.

En cuanto a la actividad académica e investigadora resultante, en la web del Instituto de Economía de la Universidad Carlos III de Madrid está el informe/resumen de los diez años. Recordaré aquí sólo, entre otros muchos, algunos momentos estelares, como la primera sesión del Seminario de Madrid, impartida por Allan Williams el 7 de abril de 2000, la lectura de tesis de Juan Oliva, la concesión del premio Investigaciones Económicas a Begoña Álvarez, la intervención en la reunión de White House Station (NJ) de Ramón Borrell en 2000, de Benito Arruñada en Siena en 2001 o de Antonio Cabrales y Pedro Marín en Filadelfia en 2004.

Y, ya más recientemente, la reunión en celebración de los diez años de la beca, en la Residencia de Estudiantes del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) en Madrid en 2009, a la que los fantasmas de Keynes, Einstein, Buñuel, García Lorca, Román Perpiñá, Gil de Biedma y tantos otros espíritus benévolos, paseantes para siempre de sus salones y sus jardines, bendijeron con su gracia y que podría haber tenido lugar en cualquiera de las mejores universidades de Europa o de EE.UU.

La gran ventaja de la Beca Merck es que nos ha permitido a unos cuantos colegas dedicarnos, mucho más de lo que sin ella hubiera sido posible, al sector farmacéutico, que nos apasiona desde hace ya muchos años. La alta valoración por los consumidores de sus productos, que contribuyen tanto a su salud; su fundamentación en la ciencia, la investigación y la innovación; el paradigma de la relación industria – Estado que ofrece; el haber sido adelantado de la internacionalización y la globalización; ser protagonista del Estado del Bienestar; contar con una estructura industrial dinámica y su contribución al crecimiento, son todos elementos que hacen su estudio enormemente atractivo. También que en su historia encontremos muestras de las mejores y las peores conductas que un negocio industrial puede ofrecer.

Javier Ruiz-Castillo ha demostrado que la investigación económica en España saltó al cuarto puesto europeo durante los noventa (“Economics Research in Spain during the 1990s: a Literature Review”, Span Econ Rev (2008) 10:221–249). Aunque sus datos concluyen cuando la Beca empieza a dar sus frutos, me parece que algo hemos contribuido igualmente a que la progresión continúe. También a que la UPF y la UC3M estén entre las tres primeras instituciones españolas investigadoras en Economía y entre las 22 primeras europeas. La Beca Merck además ha ido por delante en el camino que Ruiz-Castillo señala: ”… sería necesario obtener nuevos recursos, no sólo del sistema universitario público, sino también de empresas y fundaciones privadas, asociaciones de antiguos alumnos y donantes privados.”

Otra dimensión que quiero subrayar en la experiencia del SESAM con la Beca Merck ha sido la participación y la colaboración con los profesores de Derecho. Destacados juristas ya consagrados y jóvenes investigadores han realizado notables estudios. José Vida, por ejemplo, ha hecho de la Industria farmacéutica y los medicamentos su campo de especialización profesional.

Un gran fruto de la Beca Merck en la Carlos III ha sido el desarrollo de nuevos cursos y seminarios que van a tener continuidad en el futuro aunque la Beca haya concluido. La Beca dio un impuso decisivo al Curso Superior en Dirección de Organizaciones Sanitarias; al curso de Sector Farmacéutico, integrado en el Máster de Economía Industrial, ahora reconvertido en todo un Máster en Evaluación y Acceso al Mercado en el Sector Farmacéutico que comienza este mes de octubre; al Seminario de Madrid o a los Encuentros de la Industria Farmacéutica organizados con la Universidad Internacional Menéndez Pelayo y con Farmaindustria en Santander desde hace diez años. El curso de Economía de la Salud (Licenciatura/Grado en Economía), que ya existía desde el comienzo de la Universidad, también resultó beneficiado.

Creo que la Beca Merck ha sido, en suma, un ejemplo de buena colaboración entre sector público y sector privado en I+D, que ha dado por resultado principal la consolidación de una red de investigadores de las ciencias sociales interesados por la industria, la política farmacéutica y los medicamentos. Una red con fuertes conexiones internacionales y contactos con destacadas universidades extranjeras que ha apoyado la carrera investigadora de jóvenes competentes, el acrecentamiento de la confianza en sí mismos de los investigadores españoles por su participación en un proyecto internacional y la obtención de fondos complementarios de otras fuentes, ante la garantía que la Beca ofrecía.

Resulta insoslayable anotar que la independencia de criterio de los investigadores y la libertad académica no se han visto comprometidas y que, como se decía en las bases de las sucesivas convocatorias, se ha tratado efectivamente de una beca educativa, sin restricciones. Quienes asistieron a los cursos o actos organizados pudieron comprobar que nadie acallaba las visiones o las opiniones críticas. Quienes lean los trabajos producidos pueden seguir comprobándolo.

Quiero creer igualmente que la brecha entre investigación en ciencias sociales, por un lado, y las decisiones políticas de las administraciones públicas, por otro, tan patente en nuestro país en muchos ámbitos, también se ha reducido gracias a la iniciativa del Programa de Política Farmacéutica de The Merck Company Foundation, que ha terminado con feliz final y objetivos cumplidos.

 

Impresión personal de Vicente Ortún, Director del Centro de Investigación en Economía y Salud (CRES) de la Universidad Pompeu Fabra

           
Félix Lobo, desde la Carlos III de Madrid,  vio la convocatoria en el The Economist y me invitó a que nuestras instituciones se presentaran conjuntamente a una Beca Internacional de $200.000/año convocada por Merck Foundation desde Estados Unidos. Nos conocíamos desde 1979, año en que coincidimos en un seminario en Salzburgo. Jaume Puig-Junoy, quien en estos diez años, ha desarrollado las líneas de investigación más sólidas y de mayor continuidad dentro del programa, ya tuvo un papel clave en la formulación de la propuesta inicial. Y no sólo obtuvimos la Beca, sino que además estuvimos entre los cuatro –de seis- que pasaron el ‘examen’ de primer año. Hemos sido capaces de renovar la concesión hasta la extinción del programa, lo que solo pueden decir el MIT (gracias Ernie Berndt y Jeff Harris), Wharton (gracias Patricia Danzon) y Siena (gracias Fabio Pammolli). 
Por parte de la UPF, Guillem López-Casasnovas completó con Jaume y conmigo el triunvirato impulsor que enseguida se rodeó de figuras clave como Beatriz González, José-Luis Pinto, Ángel López, Salvador Peiró, Ricard Meneu, Pere Ibern, Antonio García-Ruiz, Paco Martos, Juan Oliva, Antonio Cabrales, Sergi Jiménez, Joan-Ramon Borrell, y Xavier Sala-i-Martin.
En estos diez años a través de unos 200 artículos en revistas científicas, 27 libros (24 en la colección Economía de la Salud y Gestión Sanitaria de Elsevier-Masson y Springer, 1 en MIT Press, 1 en Edward Elgar y 1 en Open University Press) y grandes programas de formación (el Executive conjunto con Berkeley, los online en Economía de la Salud y Farmacoeconomía y el presencial en Madrid conjunto con la Fundación Gaspar y Casal) el CRES (Centre per la Recerca en Economia i Salut) ha tratado de difundir una investigación seria que pretende ser relevante.
Lo más satisfactorio ha sido posiblemente asistir al ‘nacimiento’ vía doctorado de nuevos investigadores: Jorge Mestre, Ana Merino, Silvia Ondategui, Anna Garcia-Altes, Gabriel Sanfélix, Claudia Desogus y, muy pronto, Ivan Moreno, Ana Tur, Pedro Cervera y Laura Diego.
La cuestión más peliaguda suele ser la de la independencia, sine qua non de la credibilidad: El conseguir que la financiación incondicionada realmente lo sea y evitar que se convierta en un instrumento promocional más. Los numerosos implicados en la Beca durante estos diez años pueden atestiguar sin excepción que se ha conseguido. Tres factores -reproducibles en un futuro- han contribuido a ello: 1/ Mezclar financiaciones de fuentes diversas en un fondo único de apoyo a la investigación como vimos que hacía el poco dudoso MIT, 2/ Tener unos interlocutores (Jeff Sturchio, Regina Revilla, y Paloma Fernández-Cano) sin miopía corto-placista, y 3/ Interponer siempre entre autores y financiador último un steering committee (Jaume Puig-Junoy, Guilem López-Casasnovas y Vicente Ortún) responsable tanto ante Merck Foundation como ante investigadores, doctorandos, estudiantes, grupos-objetivo, y la institución que nos apoya: la Universidad Pompeu Fabra.


Texto Común de explicación del PPPI

Mejorar los fundamentos sobre los que se formula la política farmacéutica es un objetivo crítico para una industria fuertemente regulada como es la farmacéutica. En 1999, la Fundación Merck, organización filantrópica de la compañía farmacéutica Merck Sharp & Dohme (MSD), inició su Program on Pharmaceutical Policy Issues (PPPI) para desarrollar a nivel mundial centros de excelencia académicos que pudieran abordar ese reto.

El PPPI se diseñó con los objetivos específicos de: 1) promover la investigación relevante para la toma de decisiones en política farmacéutica; 2) aumentar la capacidad de los centros académicos participantes, atrayendo tanto a jóvenes investigadores como a otros ya consolidados; 3) mejorar la oferta formativa con cursos y seminarios relacionados con el sector farmacéutico; 4) contribuir a la diseminación y divulgación de los resultados de la investigación para promover el debate público sobre asuntos de política farmacéutica.

Para ello, la Fundación Merck realizó una primera convocatoria de becas para solicitar candidaturas de centros académicos de todo el mundo a dicho programa. A lo largo de los 10 años de su existencia, el PPPI ha realizado tres convocatorias públicas de ámbito mundial para la concesión de becas trienales renovables anualmente, con una dotación anual de 200.000 dólares para cada centro, o equipo como en el caso español, participante. La selección de los centros se ha realizado mediante un riguroso proceso competitivo a cargo de un Consejo Académico Externo (Academic Advisory Board) y un Comité de revisión interno de la Fundación Merck. Tras los 3 trienios sucesivos, se han prorrogado las becas un año más a algunos centros que deseaban completar proyectos de investigación seleccionados. La Fundación Merck ha destinado más de 16,5 millones de dólares al PPPI en los 10 años su existencia.

Desde la dirección científica del PPPI se han promovido las siguientes áreas temáticas de investigación: Naturaleza de la competencia en la Industria Farmacéutica; Regulación en la Industria Farmacéutica; Factores sociales, políticos y económicos que conducen a cambios en los sistemas de Salud; Evaluación de tecnologías sanitarias y otras políticas que informan las decisiones de cobertura y financiación pública; Modelos de cuidados centrados en el paciente; Factores que contribuyen a la innovación farmacéutica; Barreras al acceso a los medicamentos en los países en desarrollo y Políticas para enfermedades crónicas, especialmente en mercados emergentes.

En España, se formó un equipo entre la Universidad Carlos III de Madrid y la Pompeu Fabra de Barcelona, liderado por los Profesores Félix Lobo, director del Seminario de Estudios Sociales del Medicamento (SESAM) y Vicente Ortún, director del Centre per la Recerca en Economia i Salut (CRES). Este equipo logró la beca en su primera convocatoria y en las sucesivas hasta completar los 10 años de permanencia en el programa, superando anualmente las evaluaciones y auditorias científicas.

Los logros del equipo español son claros e incuestionables: más de 200 publicaciones, se han implicado más de 60 investigadores de las dos Universidades participantes y de otras universidades españolas y centros de investigación, se han formado 20 doctores en áreas relacionadas con la política farmacéutica y sanitaria, 10 en cada Universidad; se ha mejorado la oferta docente de las dos universidades en áreas relacionadas con el sector farmacéutico y sanitario, contribuyendo al inicio y/o consolidación de programas académicos, se ha contribuido a la diseminación y divulgación de los resultados de la investigación y promoción del debate público en asuntos de política farmacéutica y, no menos importante, la beca PPPI ha logrado el objetivo adicional de atraer fondos de otras fuentes públicas y privadas, asegurando así la continuidad de esta línea de trabajo iniciada por la Fundación Merck.

Por último, en octubre de 2009, se puso el colofón a esta andadura con la celebración de una conferencia sobre "El futuro de la Política Farmacéutica en España" a la que asistieron muchos de los protagonistas del PPPI, con presencia de los otros 3 únicos centros que también lograron la continuidad desde el inicio: el MIT, con el Prof. Ernst Berndt, el EPRIS italiano con el Prof. Riccaboni y la Wharton School of Economics, con Patricia Danzon (cuyo trabajo fue presentado por Jorge Mestre, becario del PPPI al no poder asistir ella personalmente). En dicha conferencia se presentaron algunos de los trabajos más relevantes fruto de esta iniciativa.


Impresiones de Regina Revilla y Paloma Fernández

Santander. Julio de 1999. Cursos de la UIMP. Jeff Sturchio, entonces Director de la Merck Foundation, además de nuestro "jefe internacional", al que oportunamente habíamos invitado a participar en un curso de verano, nos comenta su último proyecto: la Fundación va a iniciar un programa mundial de becas sobre política farmacéutica. Sin dudarlo un segundo, quisimos que nuestra filial participara en él y nos pusimos manos a la obra.

No era tarea fácil, porque el proceso de selección era muy riguroso. La convocatoria de candidaturas de centros académicos de todo el mundo se hizo en Health Affairs, en The Economist y otros medios de ese nivel y pensar por aquel entonces que se presentara un equipo español era casi una osadía. Pero algún sólido candidato estaba en la misma Magdalena y con los oídos atentos: el "Spanish Consortium" del PPPI estaba a punto de gestarse.

También se iniciaba una experiencia profesional e intelectual muy gratificante para todos los que hemos tenido la suerte de participar en el programa. Por nuestra parte, como "champions" del programa, ("paladinas" en traducción afortunada de Vicente), por muchas razones: estar en contacto y conocer de primera mano la investigación de los mejores en el sector, tanto en nuestro país como a escala mundial; tener acceso a los mejores resultados aplicables a nuestro entorno; participar junto a un equipo internacional en la definición de la orientación del programa, saber que estás contribuyendo desde la iniciativa privada a mejorar el nivel de una disciplina que cada vez tiene mas impacto en el sector farmacéutico, es decir, en la industria y en la salud, en definitiva, en nuestras vidas.

Muchas han sido las claves del éxito de esta experiencia singular: Quizá la más importante haya sido tener unos socios como Félix y Vicente, Vicente y Félix, junto a sus equipos, Jaume, Praveen, Juan Oliva, Guillem,… A la luz de los resultados, nuestros grantees se han revelado como excelentes directores de equipo y gestores de los fondos. Pero también han sido claves la alta exigencia de calidad en el programa, con evaluaciones anuales y dos auditorías externas internacionales (que nos ponían nerviosos cada vez que había que acudir a una nueva convocatoria, al ver que centros prestigiosos iban saliendo del programa), el establecimiento de planes de trabajo anuales por parte de los centros, con reuniones periódicas y revisión de consecución de hitos de acuerdo al plan de trabajo, la continuidad durante tiempo suficiente para que maduraran los equipos y los proyectos y el no pretender condicionar los contenidos y el desarrollo del programa, limitándose nuestra participación a las fases de discusión y planteamiento de las líneas de actuación y teniendo los centros e investigadores absoluta libertad para decidir sus proyectos de investigación, docencia, difusión, elegir a colaboradores o publicar y difundir sus trabajos.

Hoy podemos decir que la semilla que puso el PPPI para fomentar la investigación, la formación y el debate público de los complejos asuntos de la política farmacéutica en España ha fructificado. Y por ello, es un momento muy oportuno para sentirnos orgullosas y dar las gracias a nuestros dear grantees y a todos los que han hecho posible esta aventura. 

 

 


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Editor del boletín: Ángel López Nicolás (angel.lopeznicolas@gmail.com)
Editora de redacción: Ana Tur Prats
Comité de redacción: Laura Cabiedes, David Casado, Josep Fusté, Juan Oliva, Salvador Peiró, Jaime Pinilla, Oriol de Solà-Morales y Manuel García Goñi
Han colaborado en este número: Lluis Bohigas, Juan Gabriel Cegarra Navarro, Paloma Fernández, Antonio García Ruiz, Félix Lobo, Ricard Meneu, Miguel Ángel Negrín, Vicente Ortún, Salvador Peiró, Pedro Pita Barros, Regina Revilla, Oriol Solà-Morales, Alexandrina Stoyanova y Rosa Urbanos.