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Comentario a «The idea of justice», Amartya K Sen (2010)
Oriol Solà-Morales A menudo, cuando leemos algún ensayo sobre temas que más o menos conocemos vamos asintiendo con la cabeza, validando lo que el autor expone, como si lo que se nos explica fuera del conocimiento público. Leyendo el libro de Sen, uno tiene a menudo esa sensación, como si de un déjà vu se tratara, quizá sin tener en cuenta que ciertamente estamos de acuerdo con una teoría que ya previamente se nos había presentado y que habíamos interiorizado. Sen recopila en este texto su pensamiento relativo a la Justicia de los últimos cuarenta años, y lo presenta a un público no habitual, probablemente más generalista. El texto es rico en citas y referencias a sus predecesores en la teoría política, y sin embargo se concentra en John Rawls (de quien se siente discípulo y admirador), para criticar su Teoría de la Justícia (1971), apostillar y apuntillar sus argumentos, como si tuviera la obligación de superar al maestro. Nótese la coincidencia para nada casual del título del presente libro con el de Rawls. De una forma tremendamente esquemática (algunos pueden pensar que grotesca), los argumentos de Sen se fundamentan en criticar la aproximación rawlisana a la Justicia basada en el contrato social (contractualismo) que él sitúa en consonancia con el pensamiento ilustrado. La definición de un estado de justicia perfecto (posición original) no es consistente, puesto que éste obliga a comportamientos naturalmente justos por todos los miembros de la sociedad, y a una visión unívoca de cuáles son los elementos que la componen. Es decir, según Sen no es posible que todos los individuos actúen consistentemente de forma justa y distintos grupos puedan llegar a definiciones igualmente de consenso, pero no coincidentes entre ellas. La idea de un espectador imparcial propuesta por Adam Smith le sirve como argumento para criticar el parroquialismo de Rawls en oposición a la imparcialidad abierta, ya que esta última resiste el escrutinio transposicional (análisis desde distintas posiciones –no sólo geográficas) puesto que es capaz de considerar distintos escenarios paralelos. La justicia entendida como una institución trascendental también recibe una fuerte crítica, puesto que asume que las instituciones son justas sin tener en cuenta el resultado de sus acciones. La aproximación de Sen se fundamenta en (pero no se limita a) el razonamiento práctico, que según el autor se pueden describir mediante tres ejes: a) lo importante no es definir la justicia sino mejorarla; b) como puede haber distintos argumentos contrapuestos igualmente aceptables habrá que razonar la bondad de sus principios; y c) el objetivo de la justicia es eliminar la injusticia, no definir su naturaleza o causa. Puesto que los elementos constitutivos de la justicia no son relevantes, Sen apuesta por un enfoque basado en la teoría de la elección social, que a su criterio supera las deficiencias del utilitarismo, poniendo énfasis en lo comparativo (que acepta soluciones parciales en tano que mejoran la situación original), el reconocimiento ineludible de la pluralidad de principios rivales, el re-examen de los argumentos y el razonamiento público como elemento básico de la Democracia. Esta última, junto con la libertad (freedom) que tiene en cuenta los resultados de las acciones y las capacidades (development) son los pilares básicos del individuo para eliminar las situaciones de injusticia. Más allá de la propia formulación filosófica hay dos elementos que a mi juicio merecen mención. Lo primero, es la rehabilitación de Smith como gran filósofo y pensador político, y alejado de la posición ultraliberal en la que habitualmente se le sitúa (mercados autoregulables). Sen basa una gran parte de su argumentario en las teorías que el escocés presentó en The Theory of Moral Sentiments (1759), y presenta como ‘iguales’ (en tanto que se basan en el contrato social) las teorías de Rawls y Nozik: ¿una provocación? El otro elemento (que me parece fascinante y acorde con los tiempos que corremos) es la incorporación sistemática de referencias a la literatura asiática, muy especialmente a la India (téngase en cuenta que se refiere a la India pre-colonial), de la que destaca de forma recurrente la diferencia entre en niti y el nyanya, que quizá habría que interpretar respectivamente cómo los elementos normativos y positivos de la justicia. Es por tanto un texto que, aun siendo divulgativo, no deja indiferente: ya sea porque cuestiona algunos de los principios básicos en los que hemos creído, ya sea porque aborda un tema complejo en un periodo de crisis (¿intelectual?), o sencillamente porque aprovecha su tirón mediático para poner en la agenda el problema de la injusticia y su vinculación con otros principios básicos: capacidad, libertad y democracia. Su aplicación a la economía de la salud parece clara: no debemos buscar la cartera perfecta de servicios, el sistema de financiación perfecto, la evaluación y/o sistema de información global, sino trabajar desde el actual punto de partida para mejorar los aspectos que percibimos cómo imperfectos. Olvidarnos de lo que está bien para concentrarnos en lo que estaría mejor. No es posible una situación ideal, por lo que es mejor buscar las mejorías incrementales aunque sepamos que no ofrecen una solución completa al actual problema. Es sin duda una aproximación pragmática y muy eficiente, atractiva en cuanto se orienta al resultado, pero quién sabe si también influenciada por un déjà vu de Sen quién, aprovechando el trabajo de Rawls y una cierta noción difusa de justicia, se centra en la operativa. Y es que la operativa sin marco de referencia puede ser tremendamente caótica: ¡avanzar sí, pero sabiendo hacia dónde vamos, aunque sea de forma aproximada!. Los comentarios sobre la noticia:
rUwlTqBgqNjz (EifUDImYYsuGsCXbzLh / 17/12/2011 15:20:42) I guess finding useful, relalibe information on the internet isn't hopeless after all.
libro (Damian / 27/11/2010 15:51:18) Hola,
Buena la reseña, felicitaciones!
hace quince días terminé este libro que había comenzado con muchísimas ilusiones. Sinceramente, deja con ganas de más. No es lo mejor de Sen.
saludos
damián
Gracias Oriol (Marisol Rodríguez / 03/11/2010 19:45:08) Las mejores reseñas son las que suscitan muchas ganas de leer el libro, pero al mismo tiempo constituyen un resumen tan bueno que uno tiene la sensación de que ya no es necesario leerlo porque el autor de la reseña ya lo ha condensado todo. Esto es lo que a mí me ha pasado con la reseña de Oriol. Por eso, gracias.
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