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	<title>salud infantil archivos - Blog Economía y Salud</title>
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	<description>Economía y Salud</description>
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		<title>Beca AES 2024: Work-Life Reconciliation Policies and Family Health: Fertility, Maternal, and Children&#8217;s Health</title>
		<link>https://www.aes.es/blog/2025/10/01/beca-aes-2024-work-life-reconciliation-policies-and-family-health-fertility-maternal-and-childrens-health/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Camila Regueiro-Ons]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 01 Oct 2025 15:21:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis e investigación]]></category>
		<category><![CDATA[Baja de paternidad]]></category>
		<category><![CDATA[fertilidad]]></category>
		<category><![CDATA[salud infantil]]></category>
		<category><![CDATA[salud materna]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En las últimas décadas, muchos países han adoptado políticas para facilitar la conciliación entre vida laboral y familiar. Entre ellas destacan las bajas parentales, que permiten a los progenitores, en algunos casos con remuneración y empleo protegido, cuidar de su recién nacido. A finales de los años 90, alrededor del 60% de los países industrializados [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>En las últimas décadas, muchos países han adoptado políticas para facilitar la conciliación entre vida laboral y familiar. Entre ellas destacan las bajas parentales, que permiten a los progenitores, en algunos casos con remuneración y empleo protegido, cuidar de su recién nacido. A finales de los años 90, alrededor del 60% de los países industrializados ofrecían bajas de maternidad, pero las bajas exclusivas para padres eran poco comunes. Los países nórdicos fueron pioneros en su implementación en los años 80, seguidos por otras economías occidentales en los 2000. Actualmente, los padres en países de la OCDE disponen, en promedio, de <a href="https://www.oecd.org/en/data/datasets/oecd-family-database.html">12,7 semanas</a> de baja de paternidad remunerada.</p>
<p>Hoy en día, se promueve la ampliación de estas bajas y su equiparación entre ambos progenitores para avanzar en la igualdad de género tanto en el mercado laboral como en el hogar. No obstante, sus efectos pueden ir más allá, influyendo en la composición y toma de decisiones del hogar, así como en aspectos como el cuidado infantil, la fertilidad y la salud. La Beca de Investigación en Economía de la Salud y Servicios Sanitarios 2024, otorgada por la Asociación de Economía de la Salud en colaboración con Novartis, financió un proyecto cuyo objetivo era estudiar estas dinámicas.</p>
<p><strong><em>Contexto</em></strong></p>
<p>Este proyecto aprovecha la implementación escalonada de la baja de paternidad en España para estudiar sus efectos en materia de salud. En abril de 2007 se introdujo una baja de paternidad exclusiva para padres de niños nacidos a partir del 24 de marzo de ese año. Esta consistía en 14 días completamente remunerados, bajo un modo de <em>“use-it-or-lose-it”:</em> si el padre no hacía uso de ella, el hogar perdía el derecho. Para acceder, los padres debían estar empleados o buscando activamente empleo y cumplir con un mínimo de cotización. La baja debía tomarse durante las dos semanas inmediatamente posteriores al parto, coincidiendo con las primeras semanas de la baja de maternidad, que desde 1989 era de 16 semanas (seis obligatorias tras el parto, y las diez restantes con posibilidad de compartir con el padre dentro del primer año de vida del bebé).</p>
<p>La baja de paternidad se amplió en sucesivas reformas. En 2017 se extendió a cuatro semanas, de uso continuo y simultáneo con la madre; en 2018 se añadió una quinta semana; en 2019 la duración aumentó a ocho semanas con dos obligatorias tras el parto y las seis restantes disponibles antes del primer año. En 2020, el permiso se amplió a 12 semanas, con cuatro obligatorias inmediatamente después del parto. Finalmente, en 2021, se igualaron los permisos de ambos progenitores a 16 semanas, con seis obligatorias tras el nacimiento y el resto disponibles durante el primer año. La Figura 1 resume esta evolución.</p>
<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="wp-image-3467 aligncenter" src="https://www.aes.es/blog/wp-content/uploads/2025/09/Graphtheo.png" alt="" width="537" height="391" srcset="https://www.aes.es/blog/wp-content/uploads/2025/09/Graphtheo.png 1287w, https://www.aes.es/blog/wp-content/uploads/2025/09/Graphtheo-300x218.png 300w, https://www.aes.es/blog/wp-content/uploads/2025/09/Graphtheo-1024x745.png 1024w, https://www.aes.es/blog/wp-content/uploads/2025/09/Graphtheo-768x559.png 768w" sizes="(max-width: 537px) 100vw, 537px" /><strong style="font-size: 10pt;">Gráfico 1.</strong><span style="font-size: 10pt;"> Cambio en los permisos de paternidad y maternidad en España a lo largo del tiempo, expresados en semanas. La línea discontinua representa los derechos de la baja de maternidad, y la línea continua, los de baja de paternidad. Fuente: elaboración propia.</span></p>
<p>Cabe destacar que, mientras la introducción de las dos semanas en 2007 no fue anunciada con antelación, las ampliaciones posteriores sí lo fueron, lo que podría haber dado lugar a comportamientos estratégicos en los nacimientos. Sin embargo, los análisis realizados no encuentran evidencia al respecto.</p>
<p><strong><em>¿</em></strong><strong>Se acogen los padres a la baja?</strong></p>
<p>Antes de que existieran permisos exclusivos para el padre, solo el 2% de los padres hacía uso de las semanas transferibles, totalmente remuneradas, que la madre podía cederle. Tras la introducción de dos semanas exclusivas en 2007, la tasa de uso aumentó al 40 %. Con la ampliación a un mes en 2017, más del 60 % de los padres se acogieron a la baja. Finalmente, en 2021, con 16 semanas para cada progenitor, el 80 % de los padres utilizaron el permiso, igualando la tasa de uso de las madres, que se mantuvo estable durante todo el periodo (Gráfico 2).</p>
<p><img decoding="async" class="size-full wp-image-3463 aligncenter" src="https://www.aes.es/blog/wp-content/uploads/2025/09/B106-8_2.png" alt="" width="604" height="432" srcset="https://www.aes.es/blog/wp-content/uploads/2025/09/B106-8_2.png 604w, https://www.aes.es/blog/wp-content/uploads/2025/09/B106-8_2-300x215.png 300w" sizes="(max-width: 604px) 100vw, 604px" /><span style="font-size: 10pt;"><strong>Gráfico 2.</strong> Prestaciones por permiso parental como proporción de los nacimientos. La línea continua representa los permisos de baja de paternidad, la línea punteada indica las prestaciones para padres que reclaman periodos compartidos de la baja de maternidad, y la línea discontinua refleja las prestaciones de baja de maternidad. Las áreas sombreadas señalan las reformas. Los datos son anuales antes de 2010 y mensuales a partir de entonces. Fuente: Elaboración propia con datos del Instituto Nacional de Estadística y Estadísticas de la Seguridad Social.</span></p>
<p><strong>¿Son suficientes dos, cuatro o doce semanas?</strong></p>
<p>Las bajas de paternidad pueden actuar como una señal de un Estado que impulsa una “paternidad activa”, promoviendo nuevas dinámicas dentro del hogar. Esto puede transformar normas sociales, la <a href="https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/jomf.12818">organización familiar</a> y el <a href="https://www.tandfonline.com/doi/abs/10.5172/jfs.2014.20.1.19">reparto de tareas</a>. Por ello, se espera que su impacto se prolongue más allá de la duración del permiso, con posibles repercusiones en la fertilidad, las trayectorias laborales y el desarrollo infantil. En el caso español, la evidencia apunta a consecuencias duraderas: una <a href="https://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=3971987">distribución más equitativa</a> de las tareas domésticas, adolescentes con <a href="https://www.iza.org/publications/dp/16341/changing-gender-norms-across-generations-evidence-from-a-paternity-leave-reform">normas de género más igualitarias</a> y <a href="https://repositori.upf.edu/items/1deee16e-f2ce-4daf-8b80-aa52c532a4aa">decisiones profesionales menos estereotipadas</a> entre quienes crecieron en hogares donde el padre pudo acogerse a la baja.</p>
<p><strong>¿Qué vemos en los nacimientos?</strong></p>
<p>En España, estudios previos ya han mostrado que la introducción de la baja de paternidad afectó a la fertilidad: las familias beneficiadas tienden a <a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0047272718302299">retrasar el siguiente nacimiento</a>, lo que se traduce en una caída de la fertilidad entre madres de mayor edad, con un impacto más pronunciado en parejas con <a href="https://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=3971987">diferencias de ingresos intermedias</a> entre ellos. Sin embargo, dado que las políticas de paternidad pueden inducir cambios sociales y de comportamiento, sus efectos sobre la fertilidad podrían tardar en manifestarse. Por ello, más allá de los efectos sobre quienes tuvieron un hijo en torno a la introducción de la baja <em>(efectos inmediatos),</em> analizamos cómo evolucionan los nacimientos entre todas las parejas que tuvieron un hijo tras la implementación de cada reforma y cómo estos efectos cambian a lo largo del tiempo.</p>
<p>Utilizando técnicas de control sintético para series temporales y registros de nacimientos del Instituto Nacional de Estadística, construimos contrafactuales de la fertilidad, medida como el número de nacimientos por cada 1000 mujeres, en ausencia de estas políticas. En conjunto, no observamos un efecto agregado sobre la tasa de nacimientos por cada mil mujeres de 16 a 44 años. En cambio, sí hallamos aumentos de fertilidad entre madres ocupadas y no primerizas, especialmente tras la implementación inicial de la política, con efectos que persisten hasta dos años después. Estos resultados se alinean con la literatura previa que no encuentra efectos agregados (como en los estudios de <a href="https://www.jstor.org/stable/43673772?seq=4">Cools et al</a> o <a href="https://link.springer.com/article/10.1007/s11113-020-09574-y">Duvander et al</a>), pero sí efectos heterogéneos, como incrementos en <a href="https://link.springer.com/article/10.1007/s11113-020-09574-y">terceros nacimientos</a>.</p>
<p>La identificación de grupos más sensibles sugiere que las políticas de apoyo a la natalidad podrían ser más efectivas si se dirigen a quienes enfrentan mayores costes, por ejemplo, en lo relativo a la conciliación laboral. A su vez, la ausencia de efectos sobre las madres primerizas podría apuntar a la necesidad de complementar estas medidas con subsidios para el cuidado infantil, otros incentivos financieros o mejoras en la flexibilidad laboral. Estos hallazgos resultan especialmente relevantes en España, donde la tasa de fecundidad se sitúa por debajo de la media europea y del nivel de reemplazo generacional.</p>
<p><strong>¿Cómo afecta a la salud de los niños?</strong></p>
<p>Existe amplia evidencia sobre la <a href="https://www.annualreviews.org/content/journals/10.1146/annurev-economics-092821-053234">influencia del entorno durante la infancia</a> en el bienestar infantil y sus resultados a lo largo de la vida. Si bien gran parte de esta literatura se centra en el papel de la madre, la inversión del padre en términos de tiempo ha recibido menos atención. En este estudio, también analizamos el efecto de la baja de paternidad, como <em>proxy</em> de la presencia y tiempo del padre, en la salud infantil.</p>
<p>Para ello, utilizamos registros de atención primaria y aplicamos un enfoque de discontinuidad en diferencias, lo que permite aislar el efecto de la política frente a otros factores estacionales que afectan a la salud infantil, como la <a href="https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC3777829/">composición de nacimientos por mes</a>, el <a href="https://www.nber.org/papers/w13969">calendario escolar</a> o la <a href="https://www.nber.org/papers/w29524">temporada de gripe</a>.</p>
<p>Los resultados muestran una reducción del 8% en los diagnósticos médicos, y del 9% en el caso de infecciones, especialmente respiratorias (Gráfico 3). Este efecto se concentra en el primer año de vida, en hogares con renta por debajo de la mediana y tras reformas que ampliaron la baja a un mes y tres meses. Un posible mecanismo detrás de esta reducción es la sustitución del cuidado formal (como guarderías) por un mayor cuidado parental, lo que reduce la exposición a entornos donde las infecciones se <a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0196655304006455">propagan con facilidad</a>.</p>
<p><img decoding="async" class="wp-image-3462 aligncenter" src="https://www.aes.es/blog/wp-content/uploads/2025/09/B106-8_3.png" alt="" width="639" height="464" srcset="https://www.aes.es/blog/wp-content/uploads/2025/09/B106-8_3.png 904w, https://www.aes.es/blog/wp-content/uploads/2025/09/B106-8_3-300x218.png 300w, https://www.aes.es/blog/wp-content/uploads/2025/09/B106-8_3-768x557.png 768w" sizes="(max-width: 639px) 100vw, 639px" /><span style="font-size: 10pt;"><strong>Gráfico 3. </strong>Efecto de la implantación del permiso de paternidad de 12 semanas. Cada indicador corresponde al número de visitas, prescripciones o diagnósticos acumulados hasta las distintas edades. Fuente de datos: Base de Datos Clínicos de Atención Primaria (BDCAP) 2011-2022.</span></p>
<p>Estas caídas en los diagnósticos, especialmente en los primeros años, resaltan que las políticas que promueven la implicación del padre pueden tener efectos más duraderos que la propia duración de la baja. En concreto, afectan al entorno en el que crecen los niños, con posibles implicaciones sobre su salud futura y su desarrollo de capital humano.</p>
<p><strong>¿Qué pasa con las madres?</strong></p>
<p>En eso estamos. El objetivo es evaluar si la presencia del padre tras el nacimiento, favorecida por la baja, influye en la salud materna. Este efecto podría producirse a través de un reparto más equilibrado en las tareas del hogar, el cuidado y el trabajo entre progenitores, o bien por el acompañamiento y los cambios en el coste de oportunidad de buscar asistencia médica. Para ello, seguimos a las madres durante los primeros nueve meses tras el parto y analizamos sus visitas a atención primaria, diagnósticos recibidos, derivaciones a especialistas y prescripción de medicación. Los resultados aún están en proceso.</p>
<p>Por último, destacar que la financiación de la Beca AES ha sido fundamental para llevar a cabo esta investigación.</p>
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		<title>Oportunidades, desigualdad y salud: evidencia desde África Subsahariana y España</title>
		<link>https://www.aes.es/blog/2025/06/25/oportunidades-desigualdad-y-salud-evidencia-desde-africa-subsahariana-y-espana/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[David Pérez Mesa]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 25 Jun 2025 07:07:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Tesis]]></category>
		<category><![CDATA[Desigualdad de Oportunidades]]></category>
		<category><![CDATA[Desigualdad en salud]]></category>
		<category><![CDATA[salud infantil]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Tesis doctoral defendida el 20 de diciembre de 2023 en el Departamento de Economía, Contabilidad y Finanzas de la Universidad de La Laguna, dirigida por el Dr. Gustavo Alberto Marrero Díaz (Universidad de La Laguna) y la Dr. Sara Darias Curvo (Universidad de La Laguna). Obtuvo la calificación Sobresaliente Cum Laude. Tribunal: Joan Costa Font (London School [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><em>Tesis doctoral defendida el 20 de diciembre de 2023 en el</em> <em>Departamento de Economía, Contabilidad y Finanzas de la Universidad de La Laguna, dirigida por el Dr. Gustavo Alberto Marrero Díaz (Universidad de La Laguna) y la Dr. Sara Darias Curvo (Universidad de La Laguna). Obtuvo la calificación Sobresaliente Cum Laude. Tribunal: Joan Costa Font (London School of Economics &amp; Political Science), Carlos Riumallo Herl (Erasmus University Rotterdam) y Carlos Bethencourt Marrero (Universidad de La Laguna).</em></p>
<p><strong>Resumen</strong></p>
<p>La salud es una dimensión fundamental del bienestar ya que contribuye a la capacidad funcional y a las oportunidades de un individuo (<a href="https://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1002/hec.762">Sen, 2002</a>), lo que implica que las desigualdades en salud generan a su vez desigualdades en otras dimensiones del bienestar, tales como los ingresos o la educación, siendo estas persistentes en el tiempo (<a href="https://openknowledge.worldbank.org/entities/publication/146c5855-c934-52b6-be26-50ff4013c5dc">World Bank, 2006</a>). Además, una amplia literatura ha documentado que la salud y los factores presentes en los primeros años de vida (esto es, los conocidos como<em> early-life factors</em>), así como la existencia de desigualdades en torno a ellos, desempeñan un papel crucial en la determinación de los resultados de los individuos en la edad adulta en términos de salud, educación o renta, entre otros. A su vez, estos también influirán en la salud de la siguiente generación (<a href="https://www.aeaweb.org/articles?id=10.1257/jel.47.1.87">Currie, 2009</a>; <a href="https://direct.mit.edu/rest/article-abstract/95/2/660/58066/Gradients-of-the-Intergenerational-Transmission-of">Bhalotra and Rawlings, 2013</a>; <a href="https://www.aeaweb.org/articles?id=10.1257/jel.20171164">Almond et al., 2018</a>).</p>
<p>Paralelamente, los últimos avances en el análisis de las desigualdades en salud también han centrado su atención en una comprensión de estas desigualdades y sus determinantes basada en la teoría de la desigualdad de oportunidades (<a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0167629608001021">Fleurbaey and Schokkaert, 2009</a>; <a href="https://onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.1002/hec.1528">Trannoy et al, 2010</a>; <a href="https://oxfordre.com/economics/display/10.1093/acrefore/9780190625979.001.0001/acrefore-9780190625979-e-3?fbclid=IwAR1BWtyHCVjKhwm9-MHeJcgnTI6StZTbQsBAGtKEwK3CUgy-ZK2_y31Mgak">Jusot and Tubeuf, 2019</a>). Este enfoque defiende que no todos los factores determinantes de la desigualdad son igual de objetables, distinguiendo entre fuentes de desigualdad ilegítimas o injustas (<em>unfair inequalities</em>) y aquellas legítimas o justas (<em>fair inequalities</em>). Las desigualdades injustas se deben a factores ajenos al control de los individuos (tales como la etnia, el sexo, lugar de nacimiento o la educación de los padres), conocidos como circunstancias, mientras que las desigualdades legítimas surgen de factores por los que el individuo puede ser considerado responsable (por ejemplo, sus estilos de vida), denominados esfuerzos. De este modo, la desigualdad en salud puede entenderse como una combinación de la desigualdad causada por las circunstancias, llamada desigualdad de oportunidades, y una desigualdad generada por factores relacionados con la predisposición de los individuos a realizar un esfuerzo.</p>
<p>En este contexto, por tanto, los estudios sobre la salud infantil y los factores determinantes de su desigualdad, así como aquellos que estudian cómo el entorno social y las condiciones en la infancia afectan la salud en la edad adulta o que analizan la transmisión intergeneracional de la salud, pueden interpretarse a través de la teoría de la desigualdad de oportunidades. En relación con esto, esta tesis se divide en tres capítulos que contribuyen e interrelacionan las literaturas sobre la salud infantil y sus determinantes, la desigualdad en salud y la desigualdad de oportunidades en salud.</p>
<p>El primer capítulo está dedicado al análisis de la desigualdad en salud infantil (niños menores de 5 años) y sus factores determinantes en 33 países de África Subsahariana, así como a sus cambios a lo largo de la distribución de edad (de 0-1 hasta 4-5 años). Utilizando la <em>Demographic and Health Surveys </em>(DHS) de estos países para el periodo 2009-2016 y la altura de los niños ajustada por la edad y el sexo como medida de salud infantil (es decir, eliminando el efecto que ambas variables tienen sobre la altura) (<a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S1570677X22000727">Pérez-Mesa et al., 2022</a>), 1) se estudia si los niveles iniciales (0-1 años) de desigualdad total en salud (esto es, <em>total inequality</em>) disminuyen con la edad, 2) se caracterizan los determinantes socioeconómicos, demográficos y geográficos de la salud infantil, y 3) se estima la desigualdad explicada por estos factores (esto es, <em>explained inequality</em>). Por último, se determina la contribución de cada factor a la explicación de la desigualdad en salud a lo largo de la distribución de edad. Los resultados muestran que la desigualdad en salud infantil es menor para los niños de 4-5 años que para los más pequeños (0-1 años) y que la proporción de desigualdad explicada por el conjunto de factores estudiado (es decir, la ratio entre la desigualdad explicada y la desigualdad total, conocida como <em>I-ratio</em>) aumenta a lo largo de la distribución de edad en más del 80% de los países. Concretamente, se observa que los factores relacionados con el entorno familiar, seguidos de aquellos relacionados con las infraestructuras del hogar y la geografía, son los que más contribuyen a explicar las diferencias observadas en la desigualdad en salud infantil a lo largo de la distribución de edad en la mayoría de los países analizados.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter wp-image-3325 size-full" src="https://www.aes.es/blog/wp-content/uploads/2025/06/Imagen-1-1.png" alt="" width="4159" height="1650" srcset="https://www.aes.es/blog/wp-content/uploads/2025/06/Imagen-1-1.png 4159w, https://www.aes.es/blog/wp-content/uploads/2025/06/Imagen-1-1-300x119.png 300w, https://www.aes.es/blog/wp-content/uploads/2025/06/Imagen-1-1-1024x406.png 1024w, https://www.aes.es/blog/wp-content/uploads/2025/06/Imagen-1-1-768x305.png 768w, https://www.aes.es/blog/wp-content/uploads/2025/06/Imagen-1-1-1536x609.png 1536w, https://www.aes.es/blog/wp-content/uploads/2025/06/Imagen-1-1-2048x813.png 2048w" sizes="auto, (max-width: 4159px) 100vw, 4159px" /></p>
<p>Por su parte, el segundo capítulo se centra en examinar los cambios recientes en la desigualdad en salud infantil en 15 países de África Subsahariana, utilizando para ello dos olas de encuestas de la DHS que abarcan los periodos 2008-2013 y 2013-2018, respectivamente. Se caracteriza la desigualdad en salud infantil a partir de un conjunto de factores explicativos (observados y no observados) y se determina la contribución de estos a los cambios en la desigualdad dentro de los países. Entre los factores observados, se consideran aspectos interregionales (región de residencia y localización rural/urbana) y factores intrarregionales, como el entorno familiar, las características demográficas de la madre, la estructura familiar y las infraestructuras de la vivienda. Por último, se estudia la existencia de una posible correlación entre los cambios en la desigualdad en salud infantil y los cambios en la salud infantil promedio. Los análisis revelan que la desigualdad en salud infantil disminuyó en la mayoría de los países, pero la proporción de la desigualdad explicada por los factores observados (I-ratio) aumentó durante el período analizado. Mientras que los factores no observados y los interregionales contribuyeron a reducir la desigualdad en salud infantil, los factores intrarregionales, principalmente los relacionados con las características de la madre y el entorno familiar, impulsaron el crecimiento de la desigualdad. Precisamente, estos dos conjuntos de factores están detrás de la correlación observada entre la desigualdad en salud infantil y la salud infantil promedio: aunque sus cambios están perjudicando la consecución de una mayor igualdad en salud, están beneficiando la salud infantil promedio (<a href="https://equalitas.es/sites/default/files/2025-03/WP-82.pdf">Pérez-Mesa et al., 2024</a>).</p>
<p>Finalmente, el tercer capítulo está dedicado a analizar la desigualdad en salud en los adultos residentes en España, aplicando para ello la metodología de la desigualdad de oportunidades. Utilizando el módulo “<a href="https://datos.gob.es/es/catalogo/ea0022266-2081valoracion-de-la-situacion-sociolaboral-i"><em>Desigualdad y Movilidad Social</em></a>” del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) del año 2017, se determina el papel que desempeñan las circunstancias, los esfuerzos y estilos de vida, y las variables demográficas a la hora de explicar la desigualdad en la autopercepción de la salud. Asimismo, se descompone el impacto que tiene cada una de estas variables sobre la salud. Los resultados muestran que, relacionado con las circunstancias, la educación de los padres y su estatus socioeconómico tienen una asociación positiva y significativa con la salud del individuo, mientras que la probabilidad de reportar buena salud disminuye con la edad, con el orden al nacer de los individuos y en las mujeres. Además, los esfuerzos de los individuos relacionados con estar empleado, realizar ejercicio y tener una buena alimentación tienen una asociación positiva y significativa con la autopercepción de la salud. Por último, se muestra que las circunstancias y la edad de los individuos son responsables de la mayor parte de la desigualdad explicada por el conjunto de factores determinantes analizados (43% y 44%, respectivamente), mientras que las variables de esfuerzo tienen una contribución bastante modesta (13%). Entre las circunstancias, la educación de los padres, seguida de la región de nacimiento y el orden al nacer, son las más importantes a la hora de explicar la desigualdad en salud (<a href="https://www.emerald.com/insight/content/doi/10.1108/s1049-258520250000031007/full/html">Pérez-Mesa and Marrero, 2025</a>).</p>
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		<title>Too Young to Live? Lecciones de las Unidades de Cuidados Intensivos Neonatales</title>
		<link>https://www.aes.es/blog/2022/11/16/too-young-to-live-lecciones-de-las-unidades-de-cuidados-intensivos-neonatales/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Joaquim Vidiella-Martin]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 16 Nov 2022 06:37:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis e investigación]]></category>
		<category><![CDATA[Jornadas XL]]></category>
		<category><![CDATA[prematuros extremos]]></category>
		<category><![CDATA[salud infantil]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>&#160; Esta entrada resume los resultados del proyecto ganador de la Beca de Investigación en Economía de la Salud (2020) La salud infantil tiene consecuencias a largo plazo en formación de capital humano y la salud adulta (Barker, 1990; Cunha and Heckman, 2007; Almond et al., 2018; Currie, 2020). Entre las condiciones de vida temprana, [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p><em>Esta entrada resume los resultados del proyecto ganador de la Beca de Investigación en Economía de la Salud (2020)</em></p>
<p>La salud infantil tiene consecuencias a largo plazo en formación de capital humano y la salud adulta (<a href="https://www.bmj.com/content/301/6761/1111">Barker, 1990</a>; <a href="https://www.aeaweb.org/articles?id=10.1257/aer.97.2.31">Cunha and Heckman, 2007</a>; <a href="https://www.aeaweb.org/articles?id=10.1257/jel.20171164">Almond et al., 2018</a>; <a href="https://drive.google.com/file/d/1XMxF_CuPpQ4chjyzws2DcuNvn3X_EwIM/view">Currie, 2020</a>). Entre las condiciones de vida temprana, el parto prematuro (definido como nacer antes de las 37 semanas de gestación), conlleva un mayor riesgo de parálisis cerebral, deterioro del desarrollo y problemas de audición y visión, entre otras condiciones adversas (<a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/25497122/">Jarjour, 2015</a>). Además, el parto prematuro es la causa más común de muerte en el primer mes de vida (<a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/25988638/">Glass et al., 2015</a>) y las complicaciones derivadas del parto prematuro son la principal causa de muerte infantil en los primeros cinco años de vida (<a href="https://www.thelancet.com/pdfs/journals/lanchi/PIIS2352-4642(21)00311-4.pdf">Perin et al., 2022)</a>. Los bebés que nacen muy prematuramente (los bebés ‘muy prematuros’ nacen entre las semanas 28 y 32 de gestación, y los que tienen menos de 28 semanas de gestación se clasifican como bebés ‘extremadamente prematuros’) requieren tratamiento intensivo en unidades de cuidados intensivos neonatales (<em>Neonatal Intensive Care Units,</em> NICUs, por sus siglas en inglés). Este tratamiento es altamente invasivo, largo y costoso. Las perspectivas de supervivencia de estos niños y su futura calidad de vida se relacionan positivamente con su edad gestacional; es decir, cada semana adicional de gestación mejora sus posibilidades de sobrevivir y llevar una vida sin mayores complicaciones (<a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/14977898/">Larroque et al., 2004</a>). Debido a esto, el tratamiento activo de los recién nacidos extremadamente prematuros (<em>Extremely Preterm Infants</em>, EPI, por sus siglas en inglés) en las NICUs solamente se recomienda cuando existe una cierta garantía de sobrevivir sin mayores complicaciones.</p>
<p>En la mayoría de los países occidentales, las guías médicas establecen un llamado umbral mínimo de viabilidad basado en la edad gestacional. Estos umbrales mínimos de viabilidad se definen como la edad gestacional mínima para que un recién nacido sea admitido en una NICU (<a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/30171144/">Wilkinson et al., 2018</a>). Sin embargo, las diferencias en estos umbrales entre países ilustran desacuerdos sobre dónde trazar la línea  que determina la viabilidad perinatal (<a href="https://publications.aap.org/pediatrics/article/136/2/343/33758/Guidelines-for-the-Management-of-Extremely">Guillén et al., 2015</a>). Por ejemplo, Suecia ha establecido el umbral para la gestión de atención activa de los EPI en 22 semanas, mientras que en el Reino Unido, a menudo, se considera que 23 semanas es el umbral de viabilidad. Un trabajo reciente de <a href="https://www.karger.com/Article/Abstract/368881">Rodrigo et al. (2015)</a> muestra cómo las mejoras tecnológicas han puesto en entredicho la posibilidad de rebajar los umbrales de viabilidad en España, introduciendo tratamiento en cuidados intensivos a partir de la semana 22 de edad gestacional.</p>
<p>En los Países Bajos, el enfoque hacia el tratamiento de los bebés prematuros ha sido tradicionalmente más conservador que en otros países, con un umbral mínimo de viabilidad más alto. Desde 2010, la política holandesa en relación con los cuidados en el umbral de viabilidad perinatal recomienda iniciar una atención activa para los bebés nacidos a partir de las 24 semanas de gestación (<a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/24050448/">De Kluiver et al., 2013</a>). En comparación con la mayoría de las demás guías europeas sobre este tema, la guía holandesa se destaca por su umbral de edad relativamente alto para iniciar la atención activa y una ligera reticencia a brindar atención activa en caso de prematuridad extrema (<a href="https://www.frontiersin.org/articles/10.3389/fped.2021.634290/full">De Proost et al., 2021</a>). Este enfoque es un tema de discusión política, con muchos especialistas reclamando una revisión del umbral mínimo de viabilidad que alinearía la guía holandesa con las de sus contrapartes europeas.</p>
<p>Hay dos cuestiones sin respuesta con respecto a las consecuencias de la directriz neerlandesa. En primer lugar, ningún artículo ha estimado el verdadero efecto causal del inicio de la atención a la edad actual de viabilidad (24 semanas) sobre la supervivencia infantil. En segundo lugar, hay poca evidencia sobre el impacto del tratamiento de 24 semanas en los otros pacientes en la misma NICU.</p>
<p>En este proyecto, se abordan ambos problemas usando datos de los Países Bajos. En la primera parte del estudio, se mide el efecto causal del tratamiento sobre la supervivencia infantil en el umbral de la viabilidad perinatal, aprovechando una discontinuidad en la probabilidad de recibir tratamiento a las 24 semanas. La Figura 1 muestra el porcentaje de admisiones a una NICU (condicionada a nacer vivo) por edad gestacional (agrupada a nivel de día). Las tasas de ingreso se muestran en el eje vertical (en una escala de 0 a 1) y la edad gestacional se muestra en el eje horizontal, cubriendo el intervalo extremo de prematuridad (es decir, de 22 a 28 semanas de gestación). El tamaño del marcador es proporcional al número de observaciones en cada punto. La imagen revela un fuerte aumento en la probabilidad de ser admitido en una NICU, como cabría esperar si se aplica la directriz holandesa.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-2306" src="https://www.aes.es/blog/wp-content/uploads/2022/11/fig-1-JV.png" alt="" width="646" height="469" srcset="https://www.aes.es/blog/wp-content/uploads/2022/11/fig-1-JV.png 646w, https://www.aes.es/blog/wp-content/uploads/2022/11/fig-1-JV-300x218.png 300w" sizes="auto, (max-width: 646px) 100vw, 646px" /></p>
<p><em>Fig</em><em>ura 1: Admisiones a NICU por edad gestacional</em></p>
<p>En la Figura 2, se repite el mismo ejercicio con la mortalidad en la primera semana en el eje vertical. Aprovechando la discontinuidad en la probabilidad de recibir atención a las 24 semanas inducida por esta guía, estimo el efecto causal de la atención activa en la supervivencia infantil en el primer año de vida. Muestro que el tratamiento de los EPIs nacidos a las 24 semanas de gestación provoca un aumento en las tasas de supervivencia de 67 puntos porcentuales después de una semana de vida, que desciende a 44 puntos porcentuales después de un año de vida. Tanto después de una semana como de un año de vida, los efectos del tratamiento para las niñas son aproximadamente 15 puntos porcentuales mayores que la supervivencia de los niños.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-large wp-image-2307" src="https://www.aes.es/blog/wp-content/uploads/2022/11/fig-2-JV-1024x740.png" alt="" width="1024" height="740" srcset="https://www.aes.es/blog/wp-content/uploads/2022/11/fig-2-JV-1024x740.png 1024w, https://www.aes.es/blog/wp-content/uploads/2022/11/fig-2-JV-300x217.png 300w, https://www.aes.es/blog/wp-content/uploads/2022/11/fig-2-JV-768x555.png 768w, https://www.aes.es/blog/wp-content/uploads/2022/11/fig-2-JV.png 1107w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></p>
<p><em>Figura 2: Mortalidad después de una semana de vida, por edad gestacional</em></p>
<p>Los resultados de la segunda parte de este estudio sugieren que el tratamiento de pacientes de 24 semanas podría tener pequeños beneficios para los pacientes posteriores que ingresan a las unidades, incluso después de ajustar por su salud al nacer. Los bebés extremadamente prematuros que ingresan en una NICU determinada en el mes posterior a la semana 24 parecen tener una mejor salud en el primer año de vida. Varias explicaciones podrían impulsar este hallazgo. Por ejemplo, la literatura previa muestra que <a href="https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1002/hec.3505">las curvas de aprendizaje</a>, <a href="https://www.science.org/doi/10.1126/science.abc9818">las respuestas de comportamiento</a> o los <a href="https://anamoura.site/files/MouraJMP.pdf">cambios en la asignación de recursos podrían estar detrás de este patrón</a>. Otro estudio del mismo autor, todavía en curso, tratará de determinar cuál de estos mecanismos es responsable de los resultados observados.</p>
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		<title>The sooner, the better: resumen de las comunicaciones sobre políticas públicas en edad temprana</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Joaquim Vidiella-Martin]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 10 Mar 2021 08:39:42 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Con acuse de recibo]]></category>
		<category><![CDATA[Jornadas AES]]></category>
		<category><![CDATA[Jornadas XL]]></category>
		<category><![CDATA[políticas públicas]]></category>
		<category><![CDATA[salud infantil]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El pasado 25 de febrero tuvo lugar la segunda sesión de las Jornadas XL. Dando continuidad a la sesión inaugural, que trató sobre los efectos indeseados de la actual crisis sanitaria, social y económica, esta vez la sesión giró alrededor de las políticas públicas en la edad temprana y sus efectos de corto y largo [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>El pasado 25 de febrero tuvo lugar la segunda sesión de las Jornadas XL. Dando continuidad a la sesión inaugural, que trató sobre los efectos indeseados de la actual crisis sanitaria, social y económica, esta vez la sesión giró alrededor de las políticas públicas en la edad temprana y sus efectos de corto y largo plazo.</p>
<p>Hoy en día existe un notable consenso científico sobre la importancia de las condiciones de salud a una edad temprana como fuente de desigualdades a lo largo de la vida. Una reciente <a href="https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1002/hec.3995">revisión</a> de la literatura analizando la importancia de la salud infantil para la creación de capital humano a cargo de <a href="https://scholar.princeton.edu/jcurrie/home">Janet Currie</a> nos muestra que las políticas públicas dirigidas a las edades más tempranas acostumbran a ser altamente efectivas en el desarrollo de los beneficiarios. El estudio de las consecuencias de los <em>shocks</em> de salud en edad temprana ha incrementado drásticamente en los últimos 20 años, convirtiéndose en un tema de actualidad en el campo de la economía de la salud.</p>
<p>La presidenta del Comité Científico, Pilar García-Gómez, moderó la mesa de ponencias, que contó con las intervenciones de Manuel Flores, Miriam Wüst y Anna Cristina d’Addio. En la mesa de comunicaciones, contamos con cuatro presentaciones a cargo de <a href="https://www.researchgate.net/profile/Juan-Torres-32">Juan Antonio Quesada Torres</a>, <a href="https://sites.google.com/site/yolandapenaboquete/home">Yolanda Pena-Boquete</a>, <a href="https://sites.google.com/view/anamariacostaramon">Ana Costa-Ramón</a> e <a href="https://www.usj.es/investigacion/grupos-investigacion/economius-j">Irene Bosch Frigola</a>. Tanto las comunicaciones como las ponencias y el vídeo de la sesión están disponibles en la <a href="https://www.aes.es/jornadas/es/">web</a> de las Jornadas XL.</p>
<p>Juan Antonio Quesada Torres, del Servicio Sanitario Murciano y la Universidad de Murcia, nos habló sobre el ahorro que podría lograrse en el sistema sanitario español a través de un aumento de las tasas de lactancia materna. La lactancia materna es una de las actividades de salud que mayor <a href="https://elibrary.worldbank.org/doi/abs/10.1596/978-1-4648-1010-7_ch5">retorno</a> genera (alrededor de $35 por $1 invertido). En España, las tasas de lactancia materna al alta hospitalaria y a los seis meses de vida en el año 2015 se situaban en un 85% y 15% respectivamente. En un estudio conjunto con I. Méndez y R. Martín-Gil, los autores estiman el ahorro que supondría para el sistema sanitario español incrementar dichas tasas hasta el 95% y 50% (siguiendo la recomendación de la Organización Mundial de la Salud) como consecuencia de la menor incidencia de niños amamantados de otitis media, gastroenteritis, infección respiratoria y enterocolitis necrotizante.</p>
<p>Utilizando datos de nacimientos en España e información de los costes medios de la atención hospitalaria por diagnóstico, Juan Antonio nos mostró un ahorro potencial de 197 millones de euros si se alcanzasen las tasas de lactancia maternal objetivo. Un incremento de un punto porcentual en las tasas de lactancia materna supondría un ahorro estimado de 5,6 millones de euros. Estos resultados permiten concluir que las actuaciones de fomento, protección y apoyo a la lactancia materna son económicamente eficientes.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone wp-image-1540" src="https://www.aes.es/blog/wp-content/uploads/2021/03/Fig-1-Joaquim.png" alt="" width="589" height="446" srcset="https://www.aes.es/blog/wp-content/uploads/2021/03/Fig-1-Joaquim.png 666w, https://www.aes.es/blog/wp-content/uploads/2021/03/Fig-1-Joaquim-300x227.png 300w" sizes="auto, (max-width: 589px) 100vw, 589px" /></p>
<p>Yolanda Pena-Boquete de AYeconomics presentó su trabajo (conjunto con Manuel Flores y Aizhan Samambayeva) analizando las consecuencias económicas a largo plazo de la hambruna de 1930-1933 en Kazajstán. Este artículo aporta la primera evidencia sobre las consecuencias a largo plazo de una hambruna que causó más de un millón y medio de muertes en el país. Su presentación se centró en los efectos de la hambruna en educación.</p>
<p>Para identificar los efectos causales, los autores usan un estimador de diferencias en diferencias explotando variación en la exposición a la hambruna entre cohortes y regiones. En este tipo de estudios se tienden a infravalorar los efectos negativos de los <em>shocks </em>(en este caso, la hambruna) en los que los sobreviven – el denominado  sesgo de supervivencia. Por una parte, los supervivientes tienen, en promedio, unas características no observables que influyen positivamente en educación respecto a las cohortes de control; por otra, los individuos más vulnerables mueren con más frecuencia. A pesar de ello, los resultados muestran que la hambruna de Kazajstán tuvo un notable impacto en educación de aquellos individuos expuestos a la hambruna durante su primera infancia. Sus resultados se engloban dentro de la literatura que encuentra que las mejoras de nutrición en la primera infancia pueden conducir a aumentos sustanciales del capital humano, lo que sugiere que las inversiones en la nutrición en primera infancia pueden ser motores a largo plazo del crecimiento económico.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-large wp-image-1541" src="https://www.aes.es/blog/wp-content/uploads/2021/03/Fig-2-Joaquim-1024x361.png" alt="" width="1024" height="361" srcset="https://www.aes.es/blog/wp-content/uploads/2021/03/Fig-2-Joaquim-1024x361.png 1024w, https://www.aes.es/blog/wp-content/uploads/2021/03/Fig-2-Joaquim-300x106.png 300w, https://www.aes.es/blog/wp-content/uploads/2021/03/Fig-2-Joaquim-768x270.png 768w, https://www.aes.es/blog/wp-content/uploads/2021/03/Fig-2-Joaquim.png 1275w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></p>
<p>Ana Costa-Ramón (University of Zurich) presentó su <a href="https://anacostaramon.github.io/papers/JMP.pdf">análisis</a> sobre el impacto de un <em>shock</em> en la salud de los/as hijos/as en la carrera laboral de sus madres y padres. Aunque las hospitalizaciones infantiles son relativamente comunes, la evidencia sobre las consecuencias de dichas hospitalizaciones en el bienestar familiar es escasa y se limita al estudio de asociaciones entre las dos variables, sin poder aislar su impacto causal. Ana estudia esta cuestión usando datos administrativos de alta calidad de Finlandia y una estrategia de diferencias en diferencias comparando madres y padres de la misma edad, con hijos de la misma edad, que sufren una hospitalización a diferentes edades.</p>
<p>Los resultados de su estudio muestran un efecto sustancial en los ingresos de las madres (como muestra la imagen adjunta) y un efecto no significativo para los de los padres. Las hospitalizaciones de las/os hijas/os tienen también un impacto en la salud mental de las madres y los padres, y el efecto proviene de hospitalizaciones severas que suponen una carga sustancia de cuidados para la familia. En términos de política pública, estos resultados nos indican la importancia de asistir y apoyar a las familias cuyos hijos sufren problemas de salud.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-1542" src="https://www.aes.es/blog/wp-content/uploads/2021/03/Fig-3-Joaquim.png" alt="" width="613" height="466" srcset="https://www.aes.es/blog/wp-content/uploads/2021/03/Fig-3-Joaquim.png 613w, https://www.aes.es/blog/wp-content/uploads/2021/03/Fig-3-Joaquim-300x228.png 300w" sizes="auto, (max-width: 613px) 100vw, 613px" /></p>
<p>Concluyó la sesión con la presentación de Irene Bosch Frigola (Universidad San Jorge). Su trabajo analiza las variaciones regionales en las necesidades de cuidados integrales de pacientes en edades tempranas con diabetes mellitus. Usando datos administrativos de Noruega, Irene nos describió la existencia de variaciones significativas a nivel geográfico en el uso de medicación para la diabetes y las hospitalizaciones relacionadas con esta enfermedad. Así, por ejemplo, el consumo de medicación es superior al resto entre las edades de 15 a 19 años. Sus resultados pueden contribuir a la mejora de la calidad de vida de los/as pacientes diagnosticados/as con diabetes mellitus en edades tempranas.</p>
<p>Una vez concluida la mesa de comunicaciones, las/os investigadoras/es noveles de AES pudieron charlar con Miriam Wüst sobre estrategias para publicar en revistas científicas de economía de la salud como el <em>Journal of Health Economics</em>, de la cual Miriam es editora.</p>
<p>El día 25 de marzo tendremos la oportunidad de continuar viéndonos las caras (virtuales) en una sesión sobre los retos de la provisión de servicios de salud mental.</p>
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