Beca AES 2024: Work-Life Reconciliation Policies and Family Health: Fertility, Maternal, and Children’s Health

En las últimas décadas, muchos países han adoptado políticas para facilitar la conciliación entre vida laboral y familiar. Entre ellas destacan las bajas parentales, que permiten a los progenitores, en algunos casos con remuneración y empleo protegido, cuidar de su recién nacido. A finales de los años 90, alrededor del 60% de los países industrializados ofrecían bajas de maternidad, pero las bajas exclusivas para padres eran poco comunes. Los países nórdicos fueron pioneros en su implementación en los años 80, seguidos por otras economías occidentales en los 2000. Actualmente, los padres en países de la OCDE disponen, en promedio, de 12,7 semanas de baja de paternidad remunerada.

Hoy en día, se promueve la ampliación de estas bajas y su equiparación entre ambos progenitores para avanzar en la igualdad de género tanto en el mercado laboral como en el hogar. No obstante, sus efectos pueden ir más allá, influyendo en la composición y toma de decisiones del hogar, así como en aspectos como el cuidado infantil, la fertilidad y la salud. La Beca de Investigación en Economía de la Salud y Servicios Sanitarios 2024, otorgada por la Asociación de Economía de la Salud en colaboración con Novartis, financió un proyecto cuyo objetivo era estudiar estas dinámicas.

Contexto

Este proyecto aprovecha la implementación escalonada de la baja de paternidad en España para estudiar sus efectos en materia de salud. En abril de 2007 se introdujo una baja de paternidad exclusiva para padres de niños nacidos a partir del 24 de marzo de ese año. Esta consistía en 14 días completamente remunerados, bajo un modo de “use-it-or-lose-it”: si el padre no hacía uso de ella, el hogar perdía el derecho. Para acceder, los padres debían estar empleados o buscando activamente empleo y cumplir con un mínimo de cotización. La baja debía tomarse durante las dos semanas inmediatamente posteriores al parto, coincidiendo con las primeras semanas de la baja de maternidad, que desde 1989 era de 16 semanas (seis obligatorias tras el parto, y las diez restantes con posibilidad de compartir con el padre dentro del primer año de vida del bebé).

La baja de paternidad se amplió en sucesivas reformas. En 2017 se extendió a cuatro semanas, de uso continuo y simultáneo con la madre; en 2018 se añadió una quinta semana; en 2019 la duración aumentó a ocho semanas con dos obligatorias tras el parto y las seis restantes disponibles antes del primer año. En 2020, el permiso se amplió a 12 semanas, con cuatro obligatorias inmediatamente después del parto. Finalmente, en 2021, se igualaron los permisos de ambos progenitores a 16 semanas, con seis obligatorias tras el nacimiento y el resto disponibles durante el primer año. La Figura 1 resume esta evolución.

Gráfico 1. Cambio en los permisos de paternidad y maternidad en España a lo largo del tiempo, expresados en semanas. La línea discontinua representa los derechos de la baja de maternidad, y la línea continua, los de baja de paternidad. Fuente: elaboración propia.

Cabe destacar que, mientras la introducción de las dos semanas en 2007 no fue anunciada con antelación, las ampliaciones posteriores sí lo fueron, lo que podría haber dado lugar a comportamientos estratégicos en los nacimientos. Sin embargo, los análisis realizados no encuentran evidencia al respecto.

¿Se acogen los padres a la baja?

Antes de que existieran permisos exclusivos para el padre, solo el 2% de los padres hacía uso de las semanas transferibles, totalmente remuneradas, que la madre podía cederle. Tras la introducción de dos semanas exclusivas en 2007, la tasa de uso aumentó al 40 %. Con la ampliación a un mes en 2017, más del 60 % de los padres se acogieron a la baja. Finalmente, en 2021, con 16 semanas para cada progenitor, el 80 % de los padres utilizaron el permiso, igualando la tasa de uso de las madres, que se mantuvo estable durante todo el periodo (Gráfico 2).

Gráfico 2. Prestaciones por permiso parental como proporción de los nacimientos. La línea continua representa los permisos de baja de paternidad, la línea punteada indica las prestaciones para padres que reclaman periodos compartidos de la baja de maternidad, y la línea discontinua refleja las prestaciones de baja de maternidad. Las áreas sombreadas señalan las reformas. Los datos son anuales antes de 2010 y mensuales a partir de entonces. Fuente: Elaboración propia con datos del Instituto Nacional de Estadística y Estadísticas de la Seguridad Social.

¿Son suficientes dos, cuatro o doce semanas?

Las bajas de paternidad pueden actuar como una señal de un Estado que impulsa una “paternidad activa”, promoviendo nuevas dinámicas dentro del hogar. Esto puede transformar normas sociales, la organización familiar y el reparto de tareas. Por ello, se espera que su impacto se prolongue más allá de la duración del permiso, con posibles repercusiones en la fertilidad, las trayectorias laborales y el desarrollo infantil. En el caso español, la evidencia apunta a consecuencias duraderas: una distribución más equitativa de las tareas domésticas, adolescentes con normas de género más igualitarias y decisiones profesionales menos estereotipadas entre quienes crecieron en hogares donde el padre pudo acogerse a la baja.

¿Qué vemos en los nacimientos?

En España, estudios previos ya han mostrado que la introducción de la baja de paternidad afectó a la fertilidad: las familias beneficiadas tienden a retrasar el siguiente nacimiento, lo que se traduce en una caída de la fertilidad entre madres de mayor edad, con un impacto más pronunciado en parejas con diferencias de ingresos intermedias entre ellos. Sin embargo, dado que las políticas de paternidad pueden inducir cambios sociales y de comportamiento, sus efectos sobre la fertilidad podrían tardar en manifestarse. Por ello, más allá de los efectos sobre quienes tuvieron un hijo en torno a la introducción de la baja (efectos inmediatos), analizamos cómo evolucionan los nacimientos entre todas las parejas que tuvieron un hijo tras la implementación de cada reforma y cómo estos efectos cambian a lo largo del tiempo.

Utilizando técnicas de control sintético para series temporales y registros de nacimientos del Instituto Nacional de Estadística, construimos contrafactuales de la fertilidad, medida como el número de nacimientos por cada 1000 mujeres, en ausencia de estas políticas. En conjunto, no observamos un efecto agregado sobre la tasa de nacimientos por cada mil mujeres de 16 a 44 años. En cambio, sí hallamos aumentos de fertilidad entre madres ocupadas y no primerizas, especialmente tras la implementación inicial de la política, con efectos que persisten hasta dos años después. Estos resultados se alinean con la literatura previa que no encuentra efectos agregados (como en los estudios de Cools et al o Duvander et al), pero sí efectos heterogéneos, como incrementos en terceros nacimientos.

La identificación de grupos más sensibles sugiere que las políticas de apoyo a la natalidad podrían ser más efectivas si se dirigen a quienes enfrentan mayores costes, por ejemplo, en lo relativo a la conciliación laboral. A su vez, la ausencia de efectos sobre las madres primerizas podría apuntar a la necesidad de complementar estas medidas con subsidios para el cuidado infantil, otros incentivos financieros o mejoras en la flexibilidad laboral. Estos hallazgos resultan especialmente relevantes en España, donde la tasa de fecundidad se sitúa por debajo de la media europea y del nivel de reemplazo generacional.

¿Cómo afecta a la salud de los niños?

Existe amplia evidencia sobre la influencia del entorno durante la infancia en el bienestar infantil y sus resultados a lo largo de la vida. Si bien gran parte de esta literatura se centra en el papel de la madre, la inversión del padre en términos de tiempo ha recibido menos atención. En este estudio, también analizamos el efecto de la baja de paternidad, como proxy de la presencia y tiempo del padre, en la salud infantil.

Para ello, utilizamos registros de atención primaria y aplicamos un enfoque de discontinuidad en diferencias, lo que permite aislar el efecto de la política frente a otros factores estacionales que afectan a la salud infantil, como la composición de nacimientos por mes, el calendario escolar o la temporada de gripe.

Los resultados muestran una reducción del 8% en los diagnósticos médicos, y del 9% en el caso de infecciones, especialmente respiratorias (Gráfico 3). Este efecto se concentra en el primer año de vida, en hogares con renta por debajo de la mediana y tras reformas que ampliaron la baja a un mes y tres meses. Un posible mecanismo detrás de esta reducción es la sustitución del cuidado formal (como guarderías) por un mayor cuidado parental, lo que reduce la exposición a entornos donde las infecciones se propagan con facilidad.

Gráfico 3. Efecto de la implantación del permiso de paternidad de 12 semanas. Cada indicador corresponde al número de visitas, prescripciones o diagnósticos acumulados hasta las distintas edades. Fuente de datos: Base de Datos Clínicos de Atención Primaria (BDCAP) 2011-2022.

Estas caídas en los diagnósticos, especialmente en los primeros años, resaltan que las políticas que promueven la implicación del padre pueden tener efectos más duraderos que la propia duración de la baja. En concreto, afectan al entorno en el que crecen los niños, con posibles implicaciones sobre su salud futura y su desarrollo de capital humano.

¿Qué pasa con las madres?

En eso estamos. El objetivo es evaluar si la presencia del padre tras el nacimiento, favorecida por la baja, influye en la salud materna. Este efecto podría producirse a través de un reparto más equilibrado en las tareas del hogar, el cuidado y el trabajo entre progenitores, o bien por el acompañamiento y los cambios en el coste de oportunidad de buscar asistencia médica. Para ello, seguimos a las madres durante los primeros nueve meses tras el parto y analizamos sus visitas a atención primaria, diagnósticos recibidos, derivaciones a especialistas y prescripción de medicación. Los resultados aún están en proceso.

Por último, destacar que la financiación de la Beca AES ha sido fundamental para llevar a cabo esta investigación.

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