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Análisis económico de los comportamientos de riesgo: consumo de alcohol y enfermedades de transmisión sexual
Ana I. Gil Lacruz Universidad Autonoma de Madrid Marta Gil Lacruz Universidad de Zaragoza Juan Oliva Moreno Universidad de Castilla La Mancha El estado de salud de una persona a lo largo de su ciclo vital es determinado por su herencia genética, el mejor o peor acceso a servicios sanitarios de calidad, por la influencia de elementos de orden medioambiental, pero también por sus propias decisiones individuales. A pesar del elevado gasto público invertido en campañas educativas e informativas destinado a modificar las pautas de riesgo individuales, no está claro bajo qué condiciones el mensaje consigue alterar la adopción de dichos comportamientos. Un mayor conocimiento de la causalidad entre los estilos de vida y los problemas de salud es imprescindible para diseñar y sugerir estrategias orientadas a mejorar el estado de salud de los ciudadanos españoles. Aunque hay consenso en la existencia de una fuerte asociación entre el consumo de drogas y las enfermedades de transmisión sexual, varias cuestiones se mantienen abiertas sobre la naturaleza causal de dicha asociación. Por ejemplo, una persona podría tener relaciones sexuales sin la protección adecuada por tener sus plenas facultades mermadas debido al abuso de alcohol; o los determinantes del consumo de alcohol y la actividad sexual podrían ser los mismos, de tal forma que una persona propensa a tomar riesgos lo sería tanto en su ingesta de alcohol como en sus relaciones sexuales; o el abuso de alcohol proporcionaría una excusa para justificar comportamientos arriesgados en las conductas sexuales. Las implicaciones para las políticas de salud de esta investigación son importantes. Si el consumo de alcohol potencia que las personas adopten comportamientos sexuales de riesgo, entonces un menor consumo de estas sustancias reducirá las consecuencias negativas asociadas con los contactos sexuales de riesgo, como por ejemplo, las enfermedades transmisibles. Por tanto, si aceptamos esta hipótesis, políticas efectivas destinadas a frenar el consumo abusivo de bebidas alcohólicas conseguirán también contener la expansión de las enfermedades de transmisión sexual. En este caso, sería clave entender qué tipo de políticas (oferta/demanda) tienen un impacto superior en la lucha contra el abuso del alcohol. Si, por el contrario, no se encuentran evidencias de una relación consistente entre el consumo de alcohol y los comportamientos de riesgo que favorecen la transmisión de enfermedades venéreas, entonces es necesario diseñar políticas independientes que potencien la adopción de comportamientos saludables para cada uno de los tipos de riesgo. El objetivo principal de este trabajo consiste en realizar un análisis económico del consumo de alcohol en los comportamientos sexuales de riesgo en España. Para ello recurrimos a la especificación y estimación de varios modelos econométricos. Nuestra principal fuente de información empírica es la Encuesta de Salud y Comportamientos Sexuales (ESCS), llevada a cabo por el Ministerio de Sanidad y Consumo, 2003. La ESCS tiene en cuenta a personas con edades comprendidas entre los 18 y 49 años residentes en hogares a lo largo de todo el territorio español (tamaño de la muestra: 13.600 personas). De los resultados concluimos que el consumo de alcohol podría aumentar la probabilidad de prácticas sexuales de riesgo (mantener relaciones sexuales con parejas ocasionales en los últimos 12 meses y mantener relaciones sexuales con parejas ocasionales sin uso del preservativo masculino en los últimos 12 meses). En relación a las políticas especificas en materia de alcohol, hay suficiente evidencia empírica para apoyar la hipótesis de que el aumento del precio de las bebidas alcohólicas reduce la incidencia de los comportamientos sexuales de riesgo. En relación a las políticas anti-droga en general, también demostramos que el presupuesto público destinado a la prevención de las adicciones tiene efectos positivos en la reducción de los comportamientos sexuales de riesgo. No sólo es importante el tamaño del presupuesto, sino también a qué área se dirige. Por ejemplo, los incrementos en gasto en prevención e investigación parecen ser más efectivos en la reducción de la prevalencia de comportamientos sexuales de riesgo.
Para futuros trabajos sería interesante contrastar si los resultados derivados de una encuesta de corte transversal son consistentes con otros resultados obtenidos mediante datos de panel. La principal ventaja de usar datos de panel es que permite controlar en mayor medida la heterogeneidad individual. También sería interesante estudiar la transmisión intergeneracional de hábitos, canales de expansión y redes sociales relevantes para el consumo de alcohol y las relaciones sexuales. Para llevar a cabo estos retos es fundamentar diseñar encuestas ricas en información que incluyan datos longitudinales. Deja tu opinión:
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