<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><?xml-stylesheet type="text/xsl" href="https://www.aes.es/blog/wp-content/plugins/rss-feed-styles/public/template.xsl"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	xmlns:rssFeedStyles="http://www.lerougeliet.com/ns/rssFeedStyles#"
>

<channel>
	<title>Lluis Bohigas, autor en Blog Economía y Salud</title>
	<atom:link href="https://www.aes.es/blog/author/bohigas/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://www.aes.es/blog/author/bohigas/</link>
	<description>Economía y Salud</description>
	<lastBuildDate>Wed, 17 Jan 2024 06:22:32 +0000</lastBuildDate>
	<language>es</language>
	<sy:updatePeriod>
	hourly	</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>
	1	</sy:updateFrequency>
	<generator>https://wordpress.org/?v=6.9.4</generator>
<rssFeedStyles:reader name="Digg Reader" url="http://digg.com/reader/search/https%3A%2F%2Fwww.aes.es%2Fblog%2Ffeed%2F"/><rssFeedStyles:reader name="Feedly" url="http://cloud.feedly.com/#subscription%2Ffeed%2Fhttps://www.aes.es/blog/feed/"/><rssFeedStyles:reader name="Inoreader" url="http://www.inoreader.com/?add_feed=https%3A%2F%2Fwww.aes.es%2Fblog%2Ffeed%2F"/><rssFeedStyles:button name="Like" url="https://www.facebook.com/sharer/sharer.php?u=%url%"/><rssFeedStyles:button name="G+" url="https://plus.google.com/share?url=%url%"/><rssFeedStyles:button name="Tweet" url="https://twitter.com/intent/tweet?url=%url%"/>	<item>
		<title>El plan de pensiones del emperador Augusto</title>
		<link>https://www.aes.es/blog/2024/01/17/el-plan-de-pensiones-del-emperador-augusto/</link>
					<comments>https://www.aes.es/blog/2024/01/17/el-plan-de-pensiones-del-emperador-augusto/#comments</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Lluis Bohigas]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 17 Jan 2024 06:22:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[economía romana]]></category>
		<category><![CDATA[planes de pensiones]]></category>
		<category><![CDATA[seguridad social militar]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.aes.es/blog/?p=2721</guid>

					<description><![CDATA[<p>Se acostumbra a adjudicar al Canciller prusiano Otto von Bismark el nacimiento de la Seguridad Social, cuando en el año 1881 reglamentó la obligación de las empresas de contribuir a unos fondos que financiarían las pensiones de sus trabajadores a partir de los 65 años. Pero en Prusia, en la época de von Bismark, ya [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://www.aes.es/blog/2024/01/17/el-plan-de-pensiones-del-emperador-augusto/">El plan de pensiones del emperador Augusto</a> se publicó primero en <a href="https://www.aes.es/blog">Blog Economía y Salud</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Se acostumbra a adjudicar al Canciller prusiano Otto von Bismark el nacimiento de la Seguridad Social, cuando en el año 1881 reglamentó la obligación de las empresas de contribuir a unos fondos que financiarían las pensiones de sus trabajadores a partir de los 65 años. Pero en Prusia, en la época de von Bismark, ya existía desde finales del siglo XVIII un plan de pensiones para los militares. La secuencia histórica de la aparición de la seguridad social, primero pensiones para los militares, después para los funcionarios civiles y por último, para los trabajadores, es frecuente en la mayoría de países europeos. En España, Carlos III estableció las pensiones militares en 1761, y en el año 1919 se creó el Retiro obrero para los trabajadores por cuenta ajena. El origen diferente de estos sistemas de protección social, explica las diferencias que existen entre la seguridad social de los militares (ISFAS), los funcionarios públicos (MUFACE) y los trabajadores por cuenta ajena.</p>
<p>El primer plan de pensiones para veteranos militares que existe noticia en Europa fue establecido por el emperador Augusto (figura 1) que gobernó entre el año 27 antes de nuestra era y el 14 de nuestra era. En su testamento político, denominado “Res Gestae”, Augusto afirma haber jubilado a 300.000 veteranos.</p>
<p>Figura 1 Emperador Augusto</p>
<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-2723" src="https://www.aes.es/blog/wp-content/uploads/2024/01/llB1.jpg" alt="" width="177" height="284" /></p>
<p><span style="font-size: 10pt;">Fuente: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Augustus_of_Prima_Porta_(inv._2290).jpg</span></p>
<p>1. Antecedentes: tierras para los veteranos</p>
<p>Los grandes generales romanos que precedieron a Augusto, Mario, Pompeyo o César, establecieron ayudas para los veteranos en su jubilación mediante la entrega de tierras públicas. El veterano podía iniciar una segunda vida como agricultor o bien arrendar la tierra y disponer así de una pensión. César, tras ganar las guerras en las Galias, entregó a sus veteranos tierras en las ciudades galas, así los asentaba y de paso romanizaba el territorio. Un ejemplar del comic Astérix titulado “El regalo del César”, describe este sistema. César entrega tierras a varios veteranos, pero a uno que era más bien vago, le hace un regalo envenenado, ya que le regala la aldea celta de Astérix. Evidentemente el veterano no podrá hacerse cargo del regalo, por la oposición de los celtas.</p>
<p>En Hispania, Augusto repartió tierras a sus veteranos de las guerras cántabras. Con estos veteranos se construyó la ciudad de Mérida, denominada en latín <em>Emérita Augusta</em>, es decir la ciudad de los jubilados (eméritos) de Augusto. La ciudad de León nació también a partir de las tierras que recibieron los veteranos en las cercanías del cuartel de la Legión (de ahí León). En Barcino se conocen también la existencia de veteranos, y algunos se dedicaron al negocio de la producción del vino del Maresme.</p>
<p>2. El plan de pensiones de Augusto</p>
<p>Augusto estableció que la vida militar sería de 20 años. Un ciudadano se enrolaba en las legiones alrededor de los 20 años, y estaba militarizado hasta los 40 años, aunque después se podía volver a enrolar como veterano. A los que preferían volver a la vida civil, Augusto les ofreció una pensión única equivalente al sueldo del legionario de unos 12 años. Esta cantidad de dinero permitía al veterano comprar unas tierras en su propia patria o donde quisiera, o bien mantener una vida normal en los años que le quedaba de vida. La esperanza de vida en aquellos años, para esta edad, era de unos 10-12 años.</p>
<p>3. Certificado de vida laboral</p>
<p>El veterano recibía al licenciarse un certificado de vida laboral, en latín “honesta misio”. La mayoría de certificados eran en materiales perecederos que no nos han llegado, pero existen algunos que estaban escritos sobre metal, por ejemplo el de la figura 2. En este certificado constan las batallas en que el veterano había participado, los honores y medallas que ha recibido y los comentarios de sus jefes. Este certificado daba derecho al veterano a la pensión.</p>
<p>Figura 2 <em>Honesta misio</em> (certificado de la vida laboral del legionario)</p>
<p><img decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-2724" src="https://www.aes.es/blog/wp-content/uploads/2024/01/llB2.jpg" alt="" width="387" height="395" srcset="https://www.aes.es/blog/wp-content/uploads/2024/01/llB2.jpg 387w, https://www.aes.es/blog/wp-content/uploads/2024/01/llB2-294x300.jpg 294w" sizes="(max-width: 387px) 100vw, 387px" /></p>
<p><span style="font-size: 10pt;">Fuente: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Roman_military_diploma_Carnuntum_00.jpg</span></p>
<p>4. Tesorería</p>
<p>Para gestionar el sistema de pensiones, Augusto estableció una tesorería denominada “Aerarium militare”. <em>Aerarium</em> significa en latín precisamente tesorería. La tesorería estaba dedicada específicamente al sistema de pensiones militar y estaba separada de las otras finanzas públicas que se gestionaban en el “Aerarium saturni”.</p>
<p>Para gestionar el <em>Aerarium militare </em>se requería experiencia en gestión y para ello Augusto encargó su gestión a tres senadores con nivel de prefectura.</p>
<p>5. Financiación</p>
<p>Para financiar el <em>Aerarium militare</em>, Augusto realizó una contribución inicial de 170 millones de sestercios*, según figura en la “Res gestae”. Además, estableció dos nuevos impuestos finalistas para alimentar el <em>Aerarium militare</em>, uno sobre las herencias y otro sobre las ventas por subasta. El impuesto sobre las herencias se estableció en el 5% del valor de la herencia, que en latín se denominó “Vicésima hereditarium”. El impuesto sobre las ventas por subasta se estableció en un 1% del valor de la subasta, en latín “Centésima rerum venalium”. Las ventas por subasta pública eran frecuentes en Roma, ya que la administración pública debía, en aras a la transparencia, comprar los suministros públicos a través de subastas. Los ingresos por estos impuestos financiaron las pensiones.</p>
<p>El sistema de pensiones de Augusto estuvo vigente durante varios siglos.</p>
<p>6. Discusión</p>
<p>Es interesante observar cómo en el primer plan de pensiones del que se tiene información aparecen una serie de elementos básicos de los planes de pensiones públicos modernos, y donde destacaría cuatro: (i) Certificado de vida laboral, (ii) Tesorería específica, (iii) Financiación, y (iv) Cuantificación de la pensión.</p>
<p>(i) Certificado de vida laboral: Se trata del resumen de las actividades laborales del legionario con las valoraciones de sus jefes. Si estas valoraciones no eran positivas, por ejemplo, por cobardía o traición, el legionario no cobraba la pensión. En el caso que el legionario sufriera una lesión que le impidiera seguir trabajando, había una previsión para pensión de minusválido.</p>
<p>(ii) Tesorería específica: El proceso es mucho más transparente con una tesorería dedicada específicamente a este tema y se evitaba que el dinero de los veteranos se utilizara para otro gasto público. No siempre ha sido así, ya que, por ejemplo, el Instituto Social de las Fuerzas Armadas (ISFAS) se creó en 1978.</p>
<p>(iii) Financiación: La financiación de este plan de pensiones es mediante impuestos finalistas. Se trata de un modelo totalmente diferente de la financiación por cuotas, pero en cambio es coherente con una financiación de prestaciones sociales para funcionarios, que se financia con el presupuesto público y no con cuotas. Los impuestos son muy “modernos”: herencias y ventas. Augusto tuvo problemas de aceptación al introducirlos.</p>
<p>(iv) Cuantificación de la pensión: La pensión es una cantidad proporcional al salario, por lo que los centuriones, con un salario superior a los legionarios, tenían también una pensión superior. La pensión se pagaba de una vez, lo cual era más fácil de gestionar que una pensión de por vida, y su importe era conocido. La capitalización de la pensión se ha hecho en algunas ocasiones, en especial para pensiones de paro. Esto permite al beneficiario invertir la cantidad en algún activo para lograr un ingreso periódico, por ejemplo, un terreno agrícola que se alquila. O bien permite organizar un <em>modus vivendi</em>, por ejemplo, explotar un terreno agrícola o establecer un taller artesanal.</p>
<p>En este post solo se ha analizado el plan de pensiones, pero las legiones tenían una atención médica muy cuidada, con un médico por cada centuria y hospitales militares.</p>
<p><span style="font-size: 10pt;"><em>* Por poner en contexto esta cifra, <a href="https://global.oup.com/academic/product/romes-economic-revolution-9780198788546?cc=es&amp;lang=en&amp;">se estima el presupuesto público anual del Imperio romano en aquella época en 700-800 millones de sestercios</a> de los cuales la mayor parte era para pagar al ejército, y <a href="https://www.cambridge.org/core/journals/journal-of-roman-studies/article/size-of-the-economy-and-the-distribution-of-income-in-the-roman-empire/ADBB8C20D8DFDB7F5A8B209718AF7942">un PIB del Imperio en torno a los 16.700 millones de sestercios anuales</a>.</em></span></p>
<p>La entrada <a href="https://www.aes.es/blog/2024/01/17/el-plan-de-pensiones-del-emperador-augusto/">El plan de pensiones del emperador Augusto</a> se publicó primero en <a href="https://www.aes.es/blog">Blog Economía y Salud</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://www.aes.es/blog/2024/01/17/el-plan-de-pensiones-del-emperador-augusto/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>2</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>De las primeras a las vigésimas Jornadas de Economía de la Salud</title>
		<link>https://www.aes.es/blog/2022/05/25/de-las-primeras-a-las-veintavas-jornadas-de-economia-de-la-salud/</link>
					<comments>https://www.aes.es/blog/2022/05/25/de-las-primeras-a-las-veintavas-jornadas-de-economia-de-la-salud/#comments</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Lluis Bohigas]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 25 May 2022 05:43:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[AES]]></category>
		<category><![CDATA[Economía de la Salud]]></category>
		<category><![CDATA[Jornadas AES]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.aes.es/blog/?p=2105</guid>

					<description><![CDATA[<p>&#160; Nota de los editores: esta entrada es una versión ligeramente editada de unas reflexiones de Lluís Bohigas, en el año 2000, tras las XX Jornadas de Economía de la Salud. Sirve como primera entrada de una serie de tres, que se publicarán consecutivamente semanalmente, sobre la economía de la salud. Esta primera entrada se [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://www.aes.es/blog/2022/05/25/de-las-primeras-a-las-veintavas-jornadas-de-economia-de-la-salud/">De las primeras a las vigésimas Jornadas de Economía de la Salud</a> se publicó primero en <a href="https://www.aes.es/blog">Blog Economía y Salud</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p>Nota de los editores: esta entrada es una versión ligeramente editada de unas reflexiones de Lluís Bohigas, en el año 2000, tras las XX Jornadas de Economía de la Salud. Sirve como primera entrada de una serie de tres, que se publicarán consecutivamente semanalmente, sobre la economía de la salud. Esta primera entrada se enfoca en el pasado de la disciplina y de la propia Asociación de Economía de la Salud; la segunda y tercera se enfocan en el presente y futuro respectivamente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Las primeras Jornadas</strong></p>
<p>Una fría mañana del 5 de diciembre de 1980 se abrían las puertas de un local del <em>Passeig de Gràcia</em> de Barcelona para dar comienzo a las PRIMERAS JORNADAS DE ECONOMÍA DE LA SALUD. Los organizadores éramos los miembros de la Comisión de economía de la salud del <em>Col·legi de Economistes de Catalunya</em>, Comisión que se había formado un año antes dentro del Colegio profesional. Aquella mañana los organizadores estábamos nerviosos a la espera de la acogida que la iniciativa de hacer un congreso dedicado exclusivamente a la economía de la salud tendría en el sector sanitario. Esperábamos que vinieran cincuenta personas, quizás cien; al final llenamos el local, y las Primeras Jornadas levantaron el telón con ciento cincuenta asistentes. Evidentemente nos quedamos cortos con la documentación, pero la satisfacción era general y los organizadores estábamos contentos porque el público había venido.</p>
<p>Inauguraron la jornada, el concejal de sanidad del Ayuntamiento de Barcelona y el decano del <em>Col·legi de Economistes de Catalunya</em>, que era por entonces Francesc Raventós, quién ignoraba que tan solo dos años más tarde iba a ser Director General del INSALUD. Gobernaba la UCD en Madrid, Jordi Pujol había ganado sus primeras elecciones y las transferencias del INSALUD a Cataluña se habían empezado a negociar. El sector sanitario hervía y se presentían grandes cambios en la sanidad española. Los asistentes vinieron con la curiosidad de ver que pasaba. Más que a un Congreso de economía de la salud, el público quería enterarse de que reformas sanitarias se producirían en España e intuía que la economía y los economistas iban a estar muy presentes en estas reformas.</p>
<p>La ponencia inaugural, a cargo del Profesor de la Universidad de York Alan Maynard, versó sobre la naturaleza del mercado sanitario. Alan hizo un repaso de los diferentes temas que empezaban a formar el cuerpo de la incipiente especialidad de la Economía de la Salud. Al inicio de su ponencia decía: “La contribución más importante que los economistas pueden aportar al análisis de la sanidad es demostrar que muchos sistemas sanitarios no son ni eficientes ni igualitarios y que si se quiere rectificar estos defectos, es esencial una mayor evaluación y deben introducirse mejores incentivos para que los proveedores actúen eficientemente”. Estas palabras parecen hoy en día muy actuales.</p>
<p>Estas primeras jornadas nos obligaron a aprender con rapidez la nueva jerga de la Economía de la Salud. En la ponencia de Maynard en el libro del congreso, hay tres notas del traductor, el traductor aventuró las siguientes equivalencias: “moral hazard” por “abuso”, “free rider” por “aprovechado” y “agency relationship” por “relación de agente”. Estos palabros nos iban a acompañar durante estos veinte años. Durante la preparación tomamos otra decisión terminológica, la de dar un nombre a las jornadas, ¿Jornadas de economía de la salud o de economía sanitaria? Por aquel entonces eran equivalentes, pero nos decidimos por economía de la salud porque era más cercana al inglés <em>Health Economics</em>, y porque en aquella época éramos “progres” y defendíamos una visión global e integral de la salud.</p>
<p><strong>Las siguientes jornadas</strong></p>
<p>En la cena de clausura de las Jornadas acordamos que las dos siguientes serían en Bilbao y en Madrid y serían organizadas por los Colegios de Economistas respectivos. Empezaba la tradición. Las Jornadas de Bilbao se organizaron el diciembre de 1981, las de Madrid tardaron un poco más y fueron en 1983. Gracias a este pequeño retraso y, desde entonces, el número de la Jornada coincide con la terminación del año en curso.</p>
<p>Para organizar las siguientes Jornadas se formó una Comisión Estatal de Economía de la Salud formada por dos miembros de cada uno de los Colegios donde se habían organizado jornadas. La primera decisión de esta Comisión fue que las cuartas se celebraran en Sevilla, en el mismo año que se produjeron las transferencias del INSALUD a Andalucía.</p>
<p>La filosofía del grupo inicial era organizar las Jornadas cada año en un lugar diferente con el propósito de motivar la formación de un grupo local de entusiastas de la economía de la salud. Creíamos estar en posesión de la buena nueva y queríamos extenderla. La verdad es que este ánimo viajero nos permitió hacer muchos amigos por todas partes. Las quintas jornadas representaron un salto territorial y tuvieron como sede Lisboa. Desde las primeras Jornadas habíamos tenido invitados portugueses que habían ido creciendo en número. Antonio Correia de Campos y sus colegas se encargaron de la organización. Cuando los organizadores presentaron las Jornadas a alguna autoridad lusa, esta comentó con ironía que las anteriores Jornadas siempre habían sido organizadas por Comunidades Autónomas españolas, y que la organización portuguesa debía dejar claro que Portugal no era una región española.</p>
<p>Las sextas Jornadas, en 1986, se organizaron en Valencia, las inauguró el <em>Conseller</em> Colomer que había sido nombrado poco antes. Este <em>Conseller</em> es importante en nuestra historia pues es el que más Jornadas ha inaugurado. El mismo <em>Conseller</em> inauguró las del año 1991 en Alicante y, justo antes de terminar sus diez años como <em>Conseller</em> en 1995, inauguró las decimoquintas Jornadas que se celebraron en Valencia.</p>
<p>Valencia es un lugar importante para las Jornadas, pues es la comunidad donde se han celebrado más veces, y también porque en el Programa de las sextas Jornadas, se utilizó por primera vez la flor sobre un fondo de papel milimetrado, que posteriormente se convirtió en el logo de la Asociación. Durante estas sextas Jornadas en 1986 se constituyó la Asociación de Economía de la Salud, AES y se eligió la primera Junta Directiva. Los estatutos de esta Asociación, determinan que es la Junta quién elige al Presidente y no la asamblea, el propósito era hacer una asociación parlamentaria y no presidencialista. La democracia era todavía joven en España y teníamos miedo de los presidentes de por vida. En Valencia fui nombrado el primer presidente del AES, que desde entonces ha sido la organizadora de las Jornadas.</p>
<p>AES es fruto de las Jornadas y estas no se entienden sin la Asociación. Es bueno constatar que AES ha heredado muchas virtudes de las Jornadas, como por ejemplo su apertura a todas las profesiones sanitarias que tienen interés en aplicar el análisis económico para entender el sector salud. Un símbolo de la apertura de AES a la sociedad es que más de la mitad de sus socios no son economistas. Otro símbolo de su carácter abierto es que en sus quince años de historia se han sucedido siete presidentes. Yo mismo estuve en el cargo solo un año, era importante al inicio de la sociedad que esta no quedara limitada ni controlada por un presidente vitalicio, la variedad proporciona riqueza.</p>
<p>Las novenas Jornadas, en 1989, volvieron a Barcelona coincidiendo con otra aventura internacional, la organización de las primeras Jornadas Europeas de Economía de la Salud cuyo comité organizador presidí. Desde entonces y hasta las vigésimas no he participado en la organización de la Jornadas, lo que creo que es bueno para el espíritu de renovación. En pocas ocasiones se ha repetido sede, Barcelona lo fue en las primeras y las novenas, Madrid en las terceras y las decimosegungas y Valencia sextas y decimoquintas. Gracias a esta voluntad itinerante hemos visitado, con las actuales en “ses Illes Balears”, doce Comunidades Autónomas de las diecisiete del estado.</p>
<p><strong>Los temas de las Jornadas</strong></p>
<p>Una tradición que se inició en las primeras jornadas fue la publicación de un libro con las ponencias, ya que los organizadores queríamos que quedaran por escrito las aportaciones que se hicieran. Esta tradición se ha continuado y los libros de las Jornadas de Economía de la Salud forman una colección que recoge la evolución durante veinte años del trabajo realizado en economía de la salud en España. Los libros de las Jornadas nos permiten dar un repaso por los temas que han sido de interés para los economistas de la salud españoles durante los últimos veinte años.</p>
<p>Las primeras Jornadas en Barcelona tenían por título: “La utilización del análisis económico en los servicios sanitarios”. Es evidente que el interés en aquellos momentos estaba en averiguar hasta que punto los instrumentos de economía que habíamos estudiado en la Facultad nos eran útiles para entender las dinámicas especiales del sector sanitario.  Las segundas Jornadas tenían como título: “Economía de la política sanitaria”, entonces, en 1981, había un interés por elaborar una política sanitaria en nuestro país, y buscábamos en la ciencia económica herramientas para ayudarnos a elaborar aquella política.</p>
<p>Madrid ha sido la ciudad donde se han debatido temas fundamentales para la política sanitaria. En 1983 y tras las primeras transferencias del INSALUD a Cataluña y cuando el centralismo sanitario de Madrid estaba empezando a desmontarse, se celebraron las terceras jornadas con el título de: “Planificación y economía de la salud en las autonomías”. En 1992, el año de la firma del Tratado de Maastricht, se volvieron a celebrar unas Jornadas en Madrid, con el título de: “Efectos del proceso de integración europea sobre la salud y los sistemas sanitarios”. Los dos temas, la descentralización en España y la sanidad en la Unión Europea siguen vivos.</p>
<p>La palabra que más se ha utilizado en el sector sanitario durante estos veinte años es probablemente la de REFORMA. En nuestras Jornadas, esta palabra aparece por primera vez en Sevilla en 1984, cuyo título fue: “Aspectos económicos de la reforma sanitaria”. Las Jornadas de Lisboa celebradas en 1985 ofrecieron una oportunidad para ampliar los límites del sector más allá de la producción de servicios y se preocuparon por la influencia de los factores sociales y económicos en la producción de salud con el título de: “Sociedad, Salud y Economía”. Las Jornadas de Valencia en 1986 enfocaron un eterno debate del sector sanitario: “lo público y lo privado”, mientras que las siguientes en Marbella se dedicaron a un tema fundamental para nuestro sector: “Planificación, gestión y formación de recursos humanos”.</p>
<p>Las Jornadas de Gran Canaria en 1988 se dedicaron a uno de los temas más queridos por nuestra especialidad: “Salud y equidad”, mientras que las del año siguiente en Barcelona se dedicaron al tema complementario: “Reforma sanitaria e incentivos”. En Pamplona en 1990 nos dedicamos a un tema que había surgido de nuestra especialidad hasta tomar su estatus propio, la Evaluación Económica de las Tecnologías Sanitarias.</p>
<p>Los participantes de las Jornadas y, en consecuencia, las ponencias han surgido de tres grupos profesionales: los pertenecientes al mundo de la gestión, los que trabajan en las universidades y los que están en temas de política sanitaria. Algunas Jornadas se han dedicado más a temas de gestión, otras a temas teóricos y otras a temas de política sanitaria. Las Jornadas de Santiago en 1994 fueron dedicadas a la política sanitaria con el título de “Cambios en la regulación sanitaria”. Las siguientes Jornadas se dedicaron a los temas de gestión: “Instrumentos para la gestión en sanidad”, en Valencia, “Costes y calidad en la contratación de servicios sanitarios” en Murcia, e “Información sanitaria y nuevas tecnologías” en Vitoria.</p>
<p>En 1991 en Alicante se hizo un repaso a la década de los ochenta en el Sistema Nacional de la Salud, algo parecido a estas Jornadas donde haremos un repaso de los veinte años de Economía de la Salud.</p>
<p>Las jornadas celebradas el año pasado en Zaragoza representaron, por lo que al tema se refiere, como una vuelta al origen, a los temas de nuestra juventud, a cuando empezábamos, ya se sabe la vida es un circulo que vuelve al principio. El título de las jornadas fue “Necesidad sanitaria, demanda y utilización”.</p>
<p><strong>Autocrítica</strong></p>
<p>Creo que la trayectoria de las Jornadas de Economía de la Salud ha tenido muchos aciertos, pero para ser justos deberíamos hacer también nuestra autocrítica. Creo que debemos acusarnos de tres pecados: el economicismo, la evaluación y la racionalidad. Cuando hace veinte años empezamos, el análisis económico era un desconocido en el sector sanitario, y pusimos nuestro mayor entusiasmo en extender la buena nueva. Nuestro entusiasmo junto con la política del control de los costes que se inició en la política sanitaria española a principios de los ochenta, dio lugar a la crítica que se hizo a los economistas de la salud de economicismo. Esta crítica no es del todo merecida, pues también podríamos hablar de gerencialismo, politización y otros excesos que ha sufrido el sector sanitario, pero quizás nosotros debíamos haber establecido más claramente los límites de nuestra aportación. La economía era y es un instrumento y no la finalidad del sector de la salud.</p>
<p>La evaluación ha sido una gran aportación que la economía, junto con la epidemiología, hemos hecho al sector sanitario. Esta aportación coincide con otras líneas de acción como la medicina basada en la evidencia que han contribuido a hacer que tanto la medicina como el sistema sanitario se basen más en los hechos que en las ideologías. Quizás nos pasamos en valorar la vida humana en función de la producción futura, y ello nos valió muchas críticas sobre el escaso valor que dábamos a los pobres, mujeres y viejos. Afortunadamente vinieron los QALYS y todo el enfoque a la medida de la calidad de vida como finalidad del sistema y se olvidaron las valoraciones reduccionistas de la vida humana.</p>
<p>La racionalidad es una gran herramienta de trabajo de la economía que nosotros hemos intentado incorporar al sector sanitario, y por ello estamos sujetos a las mismas críticas que ha recibido la economía respecto a las creencias sobre la racionalidad del género humano. La humanidad actúa en muchas ocasiones de forma que los economistas interpretan como irracional. Muchas acciones humanas, desde la caída del muro de Berlín hasta la crisis financiera del sudeste asiático, han obedecido a actuaciones irracionales. Hay que reconocer que el coste/beneficio no es la fórmula por la que se deciden la mayoría de acciones humanas. Hay una diferencia importante, que quizás no hemos sabido explicar, entre explicar utilizando la racionalidad e imponer criterios racionales en la toma de decisiones. La economía de la salud solamente puede ayudar a explicar, en ningún caso puede imponer a los médicos, a los gestores o a los políticos nuestra propia visión de la racionalidad.</p>
<p>Creo que las Jornadas nos han sido útiles a todos porque nos han hecho reflexionar, madurar y aprender y estas críticas afortunadamente pertenecen más al pasado que al presente.</p>
<p><strong>El futuro</strong></p>
<p>Una constatación es tan cierta hoy como hace veinte años y es que los problemas del sistema sanitario no han desaparecido. El potencial de la medicina ha crecido una enormidad y con la genética en pleno desarrollo, seguirá creciendo. El dinero que se dedica a la sanidad no ha parado de crecer, ayer estábamos en el 5% hoy estamos en el 7% del PIB. Hoy tenemos muchos más gerentes, economistas, datos, epidemiólogos, informática, QALYs, etc., y los problemas quizás han cambiado un poco, pero siguen igual de vivos. Tenemos problemas de equidad, eficiencia y calidad. A la Economía de la Salud le queda un futuro lleno de mucho esfuerzo y trabajo para ayudar al sector sanitario a mejorar. Nuestro objetivo ahora es la salud y la calidad de vida de la población en el siglo XXI.</p>
<p>Para finalizar me gustaría recordar un juego de cartas bien conocido, podríamos decir que con estas jornadas de AES en Mallorca, hemos cantado las veinte; ahora podemos ir para cantar las cuarenta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La entrada <a href="https://www.aes.es/blog/2022/05/25/de-las-primeras-a-las-veintavas-jornadas-de-economia-de-la-salud/">De las primeras a las vigésimas Jornadas de Economía de la Salud</a> se publicó primero en <a href="https://www.aes.es/blog">Blog Economía y Salud</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://www.aes.es/blog/2022/05/25/de-las-primeras-a-las-veintavas-jornadas-de-economia-de-la-salud/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>1</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>El Código de Hammurabi y la economía de la salud</title>
		<link>https://www.aes.es/blog/2022/03/09/el-codigo-de-hammurabi-y-la-economia-de-la-salud/</link>
					<comments>https://www.aes.es/blog/2022/03/09/el-codigo-de-hammurabi-y-la-economia-de-la-salud/#comments</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Lluis Bohigas]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 09 Mar 2022 06:58:21 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Código Hammurabi]]></category>
		<category><![CDATA[economía antigua]]></category>
		<category><![CDATA[medicina antigua]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.aes.es/blog/?p=2056</guid>

					<description><![CDATA[<p>Aprovechando el confinamiento, he estudiado la historia económica antigua, es decir, la que ocurrió antes de nuestra era y que nunca nos enseñaron en la Facultad. He publicado algunos artículos sobre este tema y el último ha sido sobre el Código de Hammurabi y la economía, en la Revista Econòmica de Catalunya publicada por el [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://www.aes.es/blog/2022/03/09/el-codigo-de-hammurabi-y-la-economia-de-la-salud/">El Código de Hammurabi y la economía de la salud</a> se publicó primero en <a href="https://www.aes.es/blog">Blog Economía y Salud</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="size-full wp-image-2058 alignright" src="https://www.aes.es/blog/wp-content/uploads/2022/03/CodigoPixaBay-002.png" alt="" width="156" height="480" /></p>
<p>Aprovechando el confinamiento, he estudiado la historia económica antigua, es decir, la que ocurrió antes de nuestra era y que nunca nos enseñaron en la Facultad. He publicado algunos artículos sobre este tema y el último ha sido sobre el Código de Hammurabi y la economía, en la <em><a href="https://raco.cat/index.php/RECAT/article/view/393705">Revista Econòmica de Catalunya</a></em> publicada por el <em>Col·legi d’Economistes de Catalunya</em>. Cuando escribía este artículo, Vicente Ortún me facilitó un artículo del siglo pasado sobre <a href="https://link.springer.com/article/10.1023/A:1025151008571">el Código de Hammurabi y la medicina gestionada</a>. Los autores, del <em>Department of Preventive Medicine and Community Health</em>, <em>State University of New York</em>, argumentaban que el “managed care” ya existía en los tiempos de Hammurabi, es decir, en el siglo XVIII antes de nuestra era (a.n.e.). El argumento se basaba en que en el Código de Hammurabi aparece un artículo, concretamente el 215 (de unos 300) que se refiere a la tarifa de un cirujano. La tarifa es fija por una intervención y además se piden resultados, ergo “managed care”. Como dicen los autores: “Codex Hammurabi can still be considered the genesis of the current concepts of managed care”.</p>
<p>Estos autores no se habían leído el Código, ni conocían el contexto histórico, y utilizaban un hecho puntual para deducir una política. Además utilizaban la historia para justificar el presente, en aquel entonces en EE.UU. estaba de moda el “managed care”. No estoy de acuerdo con las conclusiones, la historia hay que estudiarla con mucho cuidado y ponerla en contexto y no sirve para justificar, sino para explicar y aprender. En fin, no tuve en cuenta el tema en mi artículo sobre el Código de Hammurabi, pero sí creo que a partir del Código se pueden hacer algunas observaciones sobre la sanidad y su economía en tiempos de Hammurabi.</p>
<p>Hammurabi fue rey de la ciudad de Babilonia en Mesopotamia (actual Iraq) donde reinó entre los años 1792 y 1752 a.n.e., es decir la primera mitad del siglo XVIII a.n.e. La baja Mesopotamia estaba organizada en ciudades-estado. Cada ciudad, había unas 40, tenía su rey que reinaba sobre la ciudad y los pueblos de alrededor. Hammurabi consiguió unificar militarmente toda la Mesopotamia y fue un rey excepcional que aportó mucha prosperidad. Desgraciadamente sus sucesores no estuvieron a la altura y 35 años después las ciudades se separaron.</p>
<p>El Código de Hammurabi está escrito en una piedra de diorita de dos metros de altura que se encuentra en el Museo del Louvre. El Código consta de unos trescientos artículos, aunque algunos están borrados. La mayoría de los artículos se refieren a temas económicos. Los artículos que estudiaré en este post se refieren a las tarifas médicas y ocupan los artículos 215 a 223 del Código.</p>
<p>Antes de estudiar el Código tenemos que situarnos en cómo era la medicina en tiempos de Hammurabi. En aquella época, hace 4.000 años, la gente padecía enfermedades e intentaba buscar causas y poner remedios, es decir más o menos como ahora. La principal causa de una enfermedad o problema de salud era haber actuado en contra de los deseos de los dioses y estos imponían como castigo la enfermedad. Esto parece ridículo hoy en día, pero ha sido el diagnostico más frecuente en los últimos 4.000 años. En consecuencia, el curandero debía ser principalmente un sacerdote, que era quien se comunicaba con los dioses y podía interceder para curar al enfermo. Pero esta no era la única medicina, había otras “especialidades”, una muy importante era la farmacología, es decir la utilización de plantas o animales como medicamentos. Este ha sido el campo habitual de los brujos, que conocían la botánica mucho mejor de lo que nos pensamos. El tercer especialista era el cirujano. En Babilonia, hace 4.000 años ya existían cirujanos y siempre han existido, aunque estaban muy limitados hasta que apareció la anestesia. El bisturí era de bronce, pues el hierro no se había “inventado” todavía. Finalmente, en Babilonia existía un último especialista que era el “osteópata” o traumatólogo, que curaba las roturas de huesos y los problemas de los músculos. Cada uno se ganaba la vida practicando su especialidad.</p>
<p>En el artículo que he publicado en la <em>Revista Econòmica de Catalunya</em> he argumentado que el Código de Hammurabi perseguía regular la economía y un tipo de regulación muy utilizada era fijar tarifas para los diferentes trabajos y profesiones. La fijación de precios facilitaba el funcionamiento del mercado, y “monetizaba” la economía. En Babilonia no existía la moneda, pero se utilizaba la plata al peso como moneda de uso frecuente, y la mayoría de las tarifas del Código están en unidades de peso de la plata. La plata era muy escasa porque no había minas de plata en Babilonia y había que importarla de Turquía. Para importarla se exportaban tejidos de lana de Babilonia, que eran de muy buena calidad y eran muy apreciados por los turcos. El Código fija un salario mínimo de 90 gramos de plata al año. Hoy en día la plata está mucho más barata que en época de Hammurabi. El precio actual es de alrededor de 22€ el gramo, esto representaría unos 1.980€ de salario mínimo anual o 165€ mensual.</p>
<p>La tarifa de un cirujano que fija el Código por una intervención quirúrgica es de 83 gramos de plata. ¡Casi el salario mínimo anual por una sola intervención!, pero no es una sorpresa; actualmente en términos de sanidad privada sería como si una intervención quirúrgica costara 12.000€ (supongo un salario mínimo mensual de 1.000€ y descuento S.S. e IRPF para equipararlo a la época Hammurabi), y esta tarifa no es inusual. Esta tarifa se aplicaba solamente cuando el paciente era un hombre libre. Aquí hay que hacer un paréntesis y explicar cómo se organizaba la sociedad en Babilonia. Había tres clases sociales: los hombres libres, los siervos y los esclavos. Pues bien, las tarifas variaban según la clase social, es decir la tarifa de un hombre libre era de 83 gramos de plata, pero si el paciente era un siervo, la tarifa se reducía a la mitad, es decir, unos 42 gramos de plata y si el paciente era un esclavo la tarifa ascendía a 17 gramos; para poner una referencia, un anillo de plata sencillo puede pesar alrededor de 5 gramos.</p>
<p>No está claro si las diferentes tarifas respondían a diferente capacidad de pago, como ha existido aquí antes que apareciera la Seguridad Social, o bien se debían a que la vida humana tenía un valor diferente según la clase social, aunque por lo que diré a continuación, más parece la segunda opción.</p>
<p>El Código fija indemnizaciones en caso de que el cirujano cometa un error y cause la muerte del paciente. Aquí es cuando me queda claro el valor de la vida humana. Si el paciente es un hombre libre, la indemnización consistirá en cortar la mano al cirujano, mientras que si la víctima es un esclavo la indemnización consistirá en comprar otro esclavo y regalárselo a su amo.</p>
<p>Cortar la mano al cirujano es, a parte de daño físico y la incapacidad, inhabilitarle para ejercer su profesión. Sin embargo, deberíamos considerarlo como una indemnización y no como una venganza. En el Código de Hammurabi se regula la Ley del talión, es decir, ojo por ojo y diente por diente. Si aplicáramos esta ley al cirujano que ha matado a un paciente, el castigo debería ser la vida, y, en cambio, el Código limita la responsabilidad a la mano, no a la vida del cirujano.</p>
<p>En el Código, las tarifas del cirujano son tres según la clase social y unas indemnizaciones. En los artículos siguientes se refieren al traumatólogo/osteópata. Las tarifas también varían por clase social, así la tarifa per un hombre libre será de 42 gramos de plata, por un siervo 25 gramos y por un esclavo 17 gramos. La escala es inferior en las dos primeras al cirujano e igual en el caso del esclavo. De nuevo la valoración de la vida humana. Pero la gran diferencia con el cirujano es que no hay indemnizaciones. ¿Será porque el traumatólogo no mata? Si no hay indemnizaciones, también es lógico que las tarifas sean inferiores.</p>
<p>Esto es lo que aporta el Código de Hammurabi en cuanto a tarifas médicas. Mi pregunta es ¿por qué no aparecen tarifas para los otros dos especialistas: el sacerdote y la bruja? Mi tesis es que el Código regula las tarifas, no solo de los médicos, sino también de otras profesiones, los costes de transporte, los servicios, incluso el precio de la cerveza, pero lo hace con la intención de facilitar el funcionamiento del mercado. Los precios son en plata y por lo tanto sirven para monetizar la economía y facilitar el comercio. Esto me hace suponer que el regulador, no quería aplicar las reglas del mercado a algunas profesiones, por ejemplo, a los sacerdotes, pues no hay ninguna tarifa en todo el Código referida a tarifas de los servicios sacerdotales. ¿Y las brujas? Bueno, la terapéutica fundamental de las brujas era la farmacopea, y según Hammurabi, no había llegado todavía el momento de regular los precios de los medicamentos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La entrada <a href="https://www.aes.es/blog/2022/03/09/el-codigo-de-hammurabi-y-la-economia-de-la-salud/">El Código de Hammurabi y la economía de la salud</a> se publicó primero en <a href="https://www.aes.es/blog">Blog Economía y Salud</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://www.aes.es/blog/2022/03/09/el-codigo-de-hammurabi-y-la-economia-de-la-salud/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>3</slash:comments>
		
		
			</item>
	</channel>
</rss>
