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	<title>Daniel Aguirre Elvira, autor en Blog Economía y Salud</title>
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	<description>Economía y Salud</description>
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		<title>De la heurística a la utilidad: cómo promover el consumo de fruta en un comedor universitario</title>
		<link>https://www.aes.es/blog/2026/04/15/de-la-heuristica-a-la-utilidad-como-promover-el-consumo-de-fruta-en-un-comedor-universitario/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Daniel Aguirre Elvira]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 15 Apr 2026 09:07:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis e investigación]]></category>
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		<category><![CDATA[Economía del comportamiento]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Esta contribución resume la comunicación galardonada con el Premio a la mejor comunicación de Salud Pública en las XLIV Jornadas de Economía de la Salud (Madrid, 18-20 de junio de 2025). La obesidad y el sobrepeso son condiciones que afectan a una porción muy significativa de la población mundial. Según la Organización Mundial de la [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://www.aes.es/blog/2026/04/15/de-la-heuristica-a-la-utilidad-como-promover-el-consumo-de-fruta-en-un-comedor-universitario/">De la heurística a la utilidad: cómo promover el consumo de fruta en un comedor universitario</a> se publicó primero en <a href="https://www.aes.es/blog">Blog Economía y Salud</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><em>Esta contribución resume la comunicación galardonada con el Premio a la mejor comunicación de Salud Pública </em><em>en las XLIV Jornadas de Economía de la Salud (Madrid, 18-20 de junio de 2025).</em></p>
<p>La obesidad y el sobrepeso son condiciones que afectan a una porción muy significativa de la población mundial. <a href="https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/obesity-and-overweight">Según la Organización Mundial de la Salud (OMS</a>), en 2022, el 43% de los adultos de más de 18 años tenía sobrepeso y el 16% obesidad. Estas condiciones han llevado a un aumento de la incidencia de las enfermedades crónicas, con el correspondiente coste económico asociado a las mismas. Para dar respuesta a estos problemas, los gobiernos y organismos internacionales han promovido recomendaciones para prevenir la obesidad y el sobrepeso y han implementado un amplio abanico de políticas. Por ejemplo, la OMS recomienda medidas dietéticas como aumentar el consumo de frutas, verduras y legumbres.</p>
<p>Entre las herramientas que se han utilizado para fomentar hábitos alimenticios saludables, los pequeños empujones o <em>nudges</em>, han sido unas de las más utilizadas en la última década. Estos se sirven de pequeñas modificaciones en el entorno en el que las personas toman decisiones para cambiar su comportamiento sin alterar de forma significativa los incentivos ni prohibir opciones. Del entusiasmo inicial a raíz de la publicación del libro “<a href="https://www.consilium.europa.eu/en/documents-publications/library/library-blog/posts/nudge-improving-decisions-about-health-wealth-and-happiness/">Nudge: Improving Decisions About Health, Wealth, and Happiness</a>” escrito por Richard Thaler y Cass Sunstein, con el tiempo se ha pasado a su normalización e incluso a una <a href="https://replicationindex.com/2017/02/02/reconstruction-of-a-train-wreck-how-priming-research-went-of-the-rails/">crisis de replicación</a> en algunos casos. Aun así, en general se suele concluir que este tipo de intervenciones son efectivas a la hora de fomentar la elección y el consumo de productos saludables, como lo muestra <a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0950329318304646">una revisión sistemática al respecto</a>, aunque en ocasiones sus efectos son pequeños o modestos.</p>
<p>Por otro lado, mientras que el efecto de los <em>nudges</em> sí que ha sido ampliamente estudiado, menos atención se les ha prestado a los efectos que estos podrían tener en conjunto con otras intervenciones que funcionan a través de mecanismos más “tradicionales” basados en la utilidad, preferencias e incentivos.</p>
<p>El objetivo de nuestro estudio era implementar cambios en la arquitectura de la decisión para intentar fomentar el consumo de frutas en el bufet de un comedor universitario. Para ello, realizamos un experimento de campo en el que aplicamos tres intervenciones. Dos de las intervenciones eran pequeños empujones que operan a través de mecanismos cognitivos de autocontrol y saliencia. La tercera, al contrario, buscaba incrementar el consumo de frutas mediante un aumento de la disponibilidad de opciones, una medida que no es excesivamente costosa y que podría tener efectos potentes a través de mecanismos relacionados con la utilidad de las nuevas opciones y las preferencias por diferentes frutas de los clientes del comedor.</p>
<p>La aplicación de las intervenciones se hizo de manera incremental—añadiendo cada nueva intervención a las anteriores—en función de su coste de implementación, para ver si intervenciones más costosas merecían la pena en términos de efectividad. Esto lo consideramos importante ya que, aunque en general se suelen considerar este tipo de intervenciones como poco costosas, también es cierto que se suelen aplicar en establecimientos manejados por empresas privadas en los que la lógica del beneficio impera sobre la de la mejora de la salud de los comensales, y, por tanto, gastos que en otros contextos podrían considerarse bajos en estos (universidad pública) podrían requerir una mayor justificación.</p>
<p>En el bufet en el que llevamos a cabo el experimento, los clientes podían elegir entre un postre, un primer plato y un segundo plato por un precio fijo. El primero de los <em>nudges</em> consistía en cambiar el orden de la línea del bufet para que las frutas aparecieran antes que el resto de las opciones de postre disponibles. El contexto en el que se elige el postre se explica en la Figura 1. Esta intervención teóricamente podría incrementar el consumo de frutas por mecanismos relacionados con el autocontrol y por hacer que sobresalgan más las frutas que los otros postres.</p>
<p style="text-align: center;"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="wp-image-3711 size-full aligncenter" src="https://www.aes.es/blog/wp-content/uploads/2026/04/B107-9_imagen1-e1775743706197.png" alt="" width="924" height="314" srcset="https://www.aes.es/blog/wp-content/uploads/2026/04/B107-9_imagen1-e1775743706197.png 924w, https://www.aes.es/blog/wp-content/uploads/2026/04/B107-9_imagen1-e1775743706197-300x102.png 300w, https://www.aes.es/blog/wp-content/uploads/2026/04/B107-9_imagen1-e1775743706197-768x261.png 768w" sizes="(max-width: 924px) 100vw, 924px" /><em><strong>Figura 1. </strong>Disposición de los postres en el bufet universitario. El contexto normal del bufet: los clientes entran desde la derecha y se encuentran primero el estante con el resto de postres que no son frutas y después las frutas en un estante separado a unos pocos metros. A partir de la primera intervención este orden fue invertido.</em></p>
<p>La segunda intervención consistía en sustituir los manteles blancos que se ponen en las bandejas del bufet por uno que tenía un estímulo visual que asociaba las frutas con la felicidad—un emoji sonriente rodeado de fruta (Figura 2). Teóricamente este tipo de estímulos podría crear asociaciones entre el producto y el sentimiento deseado (por ejemplo, “el consumo de fruta me hace sentir bien”) o hacer patentes asociaciones menos interiorizadas en el momento de la elección.</p>
<p style="text-align: center;"><img decoding="async" class="aligncenter wp-image-3712" src="https://www.aes.es/blog/wp-content/uploads/2026/04/B107-9_imagen2-e1775743757531-300x267.png" alt="" width="340" height="302" srcset="https://www.aes.es/blog/wp-content/uploads/2026/04/B107-9_imagen2-e1775743757531-300x267.png 300w, https://www.aes.es/blog/wp-content/uploads/2026/04/B107-9_imagen2-e1775743757531.png 316w" sizes="(max-width: 340px) 100vw, 340px" /><strong>Figura 2. </strong>Estímulo visual usado a partir de la segunda intervención</p>
<p>El último tratamiento, como se ha dicho previamente, consistía en aumentar la variedad de frutas disponibles. El incremento fue bastante significativo, ya que duplicamos la variedad de frutas disponibles—ver Figura 3. Esta intervención podría incrementar el consumo de frutas simple y llanamente a través de mecanismos más “tradicionales” de utilidad esperada, al ser las nuevas opciones de fruta disponibles estrictamente preferidas por los asistentes. Además, aumentar la variedad podría aumentar la visibilidad de las frutas en el bufet o tener un efecto simplemente por la novedad—aunque las frutas nuevas solían estar ocasionalmente disponibles en el bufet, eran menos frecuentes.</p>
<p style="text-align: center;"><img decoding="async" class="aligncenter wp-image-3713" src="https://www.aes.es/blog/wp-content/uploads/2026/04/B107-9_imagen3-300x226.jpg" alt="" width="400" height="301" srcset="https://www.aes.es/blog/wp-content/uploads/2026/04/B107-9_imagen3-300x226.jpg 300w, https://www.aes.es/blog/wp-content/uploads/2026/04/B107-9_imagen3-1024x770.jpg 1024w, https://www.aes.es/blog/wp-content/uploads/2026/04/B107-9_imagen3-768x578.jpg 768w, https://www.aes.es/blog/wp-content/uploads/2026/04/B107-9_imagen3.jpg 1445w" sizes="(max-width: 400px) 100vw, 400px" /><strong>Figura 3. </strong>Estante de las frutas tras el incremento de la variedad.</p>
<p>Durante el experimento de campo, se tomaron datos de las elecciones alimentarias de los asistentes al bufet y de algunas características observables como el género aparente y si parecía un estudiante de grado. En total se recogieron más de mil observaciones durante los días que duró el experimento (n=1036). Además, otros investigadores pasaban una encuesta a una submuestra de asistentes con algunas preguntas sociodemográficas extras para ver si los resultados eran robustos al añadir otras covariables. Para minimizar posibles variaciones entre días, el diseño experimental se centró en mantener el entorno lo más constante posible durante todo el experimento. Se garantizó que el menú y alimentos disponibles fueran los mismos durante todo el experimento, se llevó a cabo en un periodo corto de tiempo para evitar cambios estacionales que podrían afectar al comportamiento de los asistentes y la disponibilidad de productos, se espaciaron los tratamientos una semana para evitar efectos de contaminación o generación de hábitos, etc.</p>
<p>Los resultados indican que únicamente el tercer tratamiento, la combinación de todas las intervenciones, tuvo efectos significativos. El efecto fue grande, ya que la elección de frutas fue aproximadamente 22 puntos porcentuales mayor que en los días de control, prácticamente duplicándola. Estos resultados eran robustos tanto al controlar por el resto de las variables de las que disponíamos, como cuando analizábamos la submuestra que respondió la encuesta, o realizábamos un placebo test variando los días de control.</p>
<p>Aunque no podemos saber exactamente si los efectos del tercer tratamiento fueron debidos al incremento de variedad o a su combinación con los pequeños empujones, el hecho de que el efecto de los otros tratamientos no sea significativo nos inclina a pensar que el resultado se debe principalmente al incremento de la variedad, probablemente porque las nuevas opciones eran estrictamente preferidas por los consumidores o más novedosas. Por tanto, parece que una buena forma de fomentar el consumo de frutas en este tipo de establecimientos es ofrecer opciones variadas, además de que los encargados del local se interesen por saber qué opciones saludables son las que más gustan a los clientes. En futuros estudios estaría bien saber qué características de las frutas hacen que los individuos estén más dispuestos a elegirlas y ver si el efecto de esta intervención se mantiene a largo plazo o desaparece cuando las nuevas opciones dejan de ser novedosas.</p>
<p>Del mismo modo, aunque no podemos explicar con datos la razón por la que los <em>nudges</em> no tuvieron el efecto esperado y observado en otros estudios, nuestra principal hipótesis es que dados los mecanismos teóricos a través de los cuales estos pequeños empujones actúan, es muy difícil que afecten a una población adulta que está muy familiarizada con los productos que se ofrecen y con el entorno en el que se toman las decisiones, como es el caso de nuestro experimento. Por ejemplo, nos parece que por mucho que se cambie el entorno para que las frutas aparezcan antes que otras opciones, su efecto puede ser mínimo en personas que ya están familiarizadas con el bufet y conocen al dedillo cuáles son los productos ofertados independientemente de su posición. En conjunto, nuestros resultados sugieren que, en este tipo de entornos cambiar lo que se ofrece puede ser más efectivo que cambiar cómo se presenta.</p>
<p>Para finalizar, es importante recalcar que, dada la magnitud del problema de la obesidad y el sobrepeso, es necesario llevar a cabo políticas que vayan más allá de pequeños cambios en el entorno en el que los individuos toman las decisiones. Como señala la OMS, una de las principales causas de estos problemas es un entorno que fomenta de manera estructural el consumo de productos no saludables y dificulta el acceso a productos sanos asequibles. Cambiar estos factores estructurales probablemente requiera el uso de políticas mucho más potentes.</p>
<p>Este estudio es parte de un artículo, escrito en colaboración con Ariadna García Prado, que está en proceso de consideración para su publicación.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.aes.es/blog/2026/04/15/de-la-heuristica-a-la-utilidad-como-promover-el-consumo-de-fruta-en-un-comedor-universitario/">De la heurística a la utilidad: cómo promover el consumo de fruta en un comedor universitario</a> se publicó primero en <a href="https://www.aes.es/blog">Blog Economía y Salud</a>.</p>
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