Lo que aprendí al llevar DiverXas360º al XIV Taller EvaluAES: una experiencia desde dentro

No dejan de ser lugares complementarios los programas educativos y su impacto en la salud de la ciudadanía. Algo más complejo supone ver estos fenómenos materializados en un lugar común. El grupo EvaluAES se empeña cada año en hacer de su Taller y Mesa EvaluAES los lugares comunes  donde suceda esta voluntad manifiesta del grupo en sus anales. En esta ocasión, Bárbara Bretones (Asociación Ciudadana Cántabra Antisida (ACCAS)), educadora social, y Carlota Las Hayas (Universidad de Deusto), experta en psicología educativa, nos narraron su trabajo y sus respectivos comentarios en el pasado Taller EvaluAES. Si les parece poco común lo que leen en esta entrada y les apetece participar en el XV Taller EvaluAES del próximo 6 de febrero en Granada, pueden inscribirse aquí. ¡Les esperamos!

Presentación de Bárbara Bretones

Cuando recibí la confirmación de que mi trabajo “Evaluación de la Educación Sexual en adolescentes: estudio preliminar basado en datos del programa DiverXas360º” había sido aceptado por el Comité Científico para su presentación en el XIV Taller EvaluAES, sentí una mezcla de ilusión, responsabilidad y vértigo. EvaluAES no es un espacio cualquiera: es un punto de encuentro de referencia para profesionales que intercambian conocimientos y reflexionan de manera rigurosa sobre cómo medir, interpretar y mejorar las políticas y los servicios de salud.

Presentar allí suponía un reto importante para mí. Soy educadora social y afrontar ese ejercicio en un contexto con profesionales de análisis de datos me generaba una sensación evidente de inseguridad, pero también la convicción de que era un paso necesario para seguir fortaleciendo el programa.

La organización donde trabajo, ACCAS, es la única entidad especializada en el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) en Cantabria, y una de las pocas que ofrece servicios de educación afectivo-sexual dirigidos a jóvenes. Desde 1993 apostamos por la educación sexual como herramienta clave para el bienestar emocional, físico y social, y para construir una sociedad más igualitaria y libre de discriminación. De ahí nace DiverXas360º, un programa de seis sesiones que se adapta a la realidad de cada grupo desde una perspectiva biopsicosocial de la sexualidad.

Desde hacía tiempo que queríamos poner cifras a lo que veníamos viendo cada día: que la educación sexual no solo evita infecciones de transmisión sexual (ITS) o embarazos no planificados, sino que también forma la base de relaciones con dinámicas saludables y que ayuda a prevenir la violencia. Tras meses diseñando cuestionarios claros para adolescentes pero sólidos para la evaluación, en el curso 2023-2024 llevamos a cabo el programa en distintos centros educativos de nuestra comunidad, llegando a 570 jóvenes de entre 14 y 17 años.

Queríamos entender de manera concreta qué educación sexual recibían, qué sabían y qué desconocían, qué silencios arrastraban y cuáles eran las consecuencias de esa falta de formación. Nuestro objetivo era medir el impacto real del programa, detectar áreas prioritarias y, sobre todo, aportar evidencia que respalde la necesidad de una educación afectivo-sexual estable y obligatoria en el sistema educativo.

A medida que se acercaba la presentación, me volvió la inquietud: cómo hablar de educación sexual en un espacio tan técnico sin perder lo esencial. Mi objetivo fue claro: mostrar datos sólidos sin olvidar que detrás hay adolescentes, preguntas no dichas y realidades que necesitan ser escuchadas. Intenté construir una presentación honesta, en la que el programa y la metodología estuvieran claras, pero también la parte humana. No quería que el DiverXas360º apareciera como un proyecto más entre muchos, sino como una intervención viva, necesaria y transformadora.

Finalmente, presentar el trabajo en el XIV Taller EvaluAES fue una experiencia profundamente enriquecedora. El tiempo pasó casi sin darme cuenta y, a medida que avanzaba la exposición, tuve la sensación de que el tema despertaba un interés especial, en parte porque se alejaba de las presentaciones previas. Pude mostrar cómo el desconocimiento del público juvenil está estrechamente ligado a la ausencia de formación previa, a la influencia del contenido pornográfico, a la falta de información sobre el propio cuerpo, los métodos preventivos y anticonceptivos, las ITS, y a la dificultad para hablar de sexualidad en el entorno familiar. Al mismo tiempo, los resultados de los cuestionarios post test y de satisfacción mostraron que, tras la intervención, hubo un impacto significativo en la mejora de la educación sexual de los y las participantes, no solo en el aumento de conocimientos, sino también en cambios en actitudes, habilidades y percepción del riesgo.

Imagen: Presentación de Bárbara Bretones

Lo más enriquecedor llegó después: el debate posterior, las preguntas del público y los comentarios de mi comentarista -Carlota Las Hayas- fueron, sin duda, el verdadero regalo. Su mirada externa me permitió descubrir aspectos que, por estar tan “dentro” del programa y por desconocimiento, había pasado por alto.

Y la validación profesional también fue una de las partes más significativas de la experiencia. Sentir que nuestro trabajo social encajaba, que tenía un lugar legítimo y que dialogaba de igual a igual con evaluaciones sanitarias reconocidas.

Así que salí del Taller con varias certezas:

  1. Nuestro programa tenía un impacto real.
  2. La evaluación debía seguir creciendo y siendo nuestra guía.
  3. Esta evaluación preliminar era solo el principio de un camino más profundo.

Participar en XIV Taller EvaluAES no fue solo presentar un trabajo. Fue compartir un camino, abrir un diálogo y recibir un impulso para seguir investigando, mejorando y defendiendo la importancia de la educación sexual basada en evidencia.

Cometarios de Carlota Las Hayas

DiverXas360º llega a las aulas cuando, en demasiados casos, la educación sexual ya la están impartiendo el silencio y la pornografía. El estudio preliminar de ACCAS en 11 centros de Cantabria (674 adolescentes) ofrece una fotografía nítida: un 28,3% nunca había recibido educación sexual; el 63% tenía conocimientos muy básicos sobre ITS y anticoncepción; y el 71% decía no tener conocimientos sobre VIH. Casi 2 de cada 10 jóvenes de 14–17 años habían iniciado relaciones y, en un tercio de esos casos, no se utilizó ningún tipo de protección. Uno de cada cuatro consume pornografía con frecuencia u ocasionalmente, y una proporción similar relata presiones o dificultades para poner límites.

Si leemos este trabajo con lentes de evaluación, aparecen tres aciertos claros. El primero es de enfoque: no se limita a “informar”, sino que entrena competencias (consentimiento, autocuidado, conversación, acuerdos y negociación de protección), alineando educación y salud pública desde una mirada de derechos. El segundo es pedagógico: metodología participativa y facilitadora cercana, con una aceptación poco habitual en un tema politizado y sensible (el 92% lo recomendaría; el 81,4% valora como muy útil la información). El tercero es de mecanismo: el programa refuerza la autoeficacia —esa sensación de “puedo hablarlo, puedo poner límites, puedo cuidarme”— que suele ser un motor real del cambio.

Los resultados post-taller encajan con esa lógica: el 80,6% declara haber mejorado de forma relevante en conocimientos sobre anticoncepción y prevención de ITS; el 63,9% se siente más seguro para hablar sobre sexualidad; seis de cada diez dicen que aplicarán lo aprendido en su vida cotidiana; y el 78,3% afirma que usará siempre preservativo. Aun así, persiste un punto ciego resistente: el 33,4% mantiene estigma hacia el VIH, recordándonos que modificar actitudes requiere estrategias más específicas, sostenidas y quizá adaptadas por perfiles.

Como agenda de mejora, dos frentes parecen especialmente fértiles. Primero, robustecer la atribución: un diseño pre–post sin grupo control deja abiertas explicaciones alternativas (maduración, clima escolar, deseabilidad social). Un grupo comparación por centros o un diseño escalonado permitiría estimar el impacto atribuible. Segundo, afinar la medición y el seguimiento: instrumentos validados, ítems equivalentes pre/post, fiabilidad reportada, análisis de pérdida muestral (de 570 en pre-test a 474 en post-test) y seguimiento a 3–6 meses.

Imagen: Intervención de Carlota Las Hayas

Cierro con una idea clave: educar en sexualidad no es solo prevenir riesgos; es formar para vivirla con libertad, ética y afecto. DiverXas360º no solo informa: abre conversación, humaniza y orienta hacia el cuidado mutuo. En una sociedad hipersexualizada y desorientada, eso ya es —en sí mismo— una forma poderosa de prevención.

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