Economía y salud
BOLETÍN INFORMATIVO - Año 2021. Abril. nº 97
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¿Cómo afecta el consumo de alcohol al empleo? Algunas evidencias para España



Adriana Hurtado Zarzuela
Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED)
Email: adrianahurtado1101@gmail.com

 

Descripción del problema

El consumo de alcohol ha comenzado a extenderse de forma muy considerable en los últimos años. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el alcohol está relacionado con más de 200 enfermedades y trastornos y con el 5,1% de la morbilidad mundial, aproximadamente. Antes, Ellickson, Tucker y Klein (2003) ya habían estimado resultados de que el alcohol podía causar otros problemas como delincuencia, violencia o problemas laborales.

Shields y MacDonald (2000) introducen su trabajo hablando de la preocupación general que tienen los gobiernos y las políticas públicas sobre este tema. La OMS considera que un país tiene problemas de salud pública cuando el consumo de alcohol anual per cápita supera los 8 litros, como refleja Tekin (2004).

Mullahy y Sindelar (1996) constituye el primer trabajo influyente sobre los efectos que el consumo de bebidas alcohólicas tiene en variables relacionadas con el mercado de trabajo, incluyendo la productividad o el empleo. Williams, Powell y Wechsler (2003) encuentran que el consumo de alcohol hace que la acumulación de capital humano sea menor, ya sea porque los individuos suspenden los cursos o porque acaban abandonándolos antes de acabar. Esto es lo que lleva a una menor participación en el mercado laboral y unos ingresos más bajos, debido a la baja productividad.

Autores como Jiménez y Labeaga (1994) comentaban la idea de conseguir reducciones adicionales del consumo de alcohol gravando bienes complementarios o conexos como pueden ser el alcohol y el tabaco, imponiendo tipos impositivos directos a alguno de los dos bienes, que provocaría efecto en el otro. Esto se debe a que el consumo de alcohol y tabaco está muy correlacionado con hábitos sociales, por lo que gravar las bebidas alcohólicas, puede reducir el consumo de tabaco y viceversa.

Wada, Chaloupka, Powell y Jernigan (2017) realizaron un estudio sobre cómo afectan los impuestos a las bebidas alcohólicas como objetivo de salud pública y su relación en la generación o pérdida de puestos de trabajo. Las conclusiones que obtuvieron fueron que los impuestos especiales al alcohol conseguían el objetivo de salud pública que se perseguía.

En esta entrada, se resume el trabajo de analizar la relación entre el consumo de alcohol y tener un empleo, además de estudiar algunos factores adicionales, para el caso de España.

 

Metodología

En el trabajo se han estimado tres modelos probit para ver qué factores y en qué medida afectan a la probabilidad de estar empleado y de consumir alcohol. Para ello, se ha utilizado la Encuesta sobre Alcohol y Drogas en España, que se realiza cada dos años a residentes en España de 15 a 64 años. La encuesta del 2017 cuenta con 21.249 observaciones procedentes de 2.147 secciones censales de 953 municipios.

 

Resultados

En la Tabla 1 se presentan los tres modelos que se han estimado. El primer modelo estima la probabilidad de tener un empleo.

 

Tabla 1. Modelos


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En el primer modelo vemos que todas las variables son significativas, excepto español. En este caso, el consumo habitual de alcohol afecta de forma positiva a la probabilidad de tener un empleo, lo que implica que aquellas personas consumidoras habituales de bebidas alcohólicas son más empleables que aquellas que no consumen este tipo de productos. Para resumir el resto de las variables, se han comentado solamente algunas variables de interés general, como es el caso de la edad, cuyo efecto es positivo con un máximo que se alcanza a los 41 años, cuando el efecto de la edad a la hora de encontrar un empleo pasa a ser negativo.

El efecto de la renta es significativo con signo positivo, lo que quiere decir que según aumenta la renta, aumenta la probabilidad de tener un empleo en la muestra. Este resultado está en línea con el libro de Tobin (2004) donde concluye que la probabilidad de encontrar un empleo para los jóvenes aumenta cuando se incrementa la renta familiar.

El siguiente objetivo del trabajo ha sido estimar dos modelos probit para conocer una aproximación de la probabilidad de consumir alcohol, controlando por las mismas variables de control, pero incluyendo una variable que indique la situación laboral: Si está parado en el modelo (2), o si tiene empleo en el modelo (3). Estos modelos tienen como variable dependiente el consumo de alcohol en los últimos 30 días.

En el modelo (2) vemos que todas las variables son significativas. Sin embargo, parece interesante comentar algunas variables. La situación laboral está representada por la variable parado que nos muestra que el hecho de estar en una situación de desempleo disminuye la probabilidad de beber alcohol en promedio. Este efecto coincide con los resultados que presentó Ruhm (2000) donde explica que el alcohol es un bien normal, un bien procíclico, lo que hace que, si el individuo se encuentra en una situación de desempleo, descienda su consumo de alcohol. Este resultado también concuerda con las conclusiones de Jiménez-Martín, Labeaga, y Prieto (2006): Cuando la tasa de desempleo es significativa, se reduce la probabilidad de convertirse en bebedor de alcohol.

La variable que señala si el individuo está soltero o divorciado afecta de forma positiva a la probabilidad de beber alcohol. Esta variable ha sido utilizada siguiendo el artículo de Temple, Fillmore, Hartka, Johnstone, Leino y Motoyoshi (1991), donde sacan las mismas conclusiones que en el presente estudio: Variable significativa y con signo positivo. Por último, en el caso de la edad, el máximo se alcanza a los 52 años.

Finalmente, en el modelo (3) podemos ver que los resultados son muy parecidos a los del modelo (2). Vemos que también son significativas todas las variables. En este caso, la interpretación de la variable empleo vuelve a coincidir con los resultados que presentó Ruhm (2000). Además, este efecto coindice con el estudio de Butler, Dodge y Faurote (2010) donde encuentran una relación positiva entre el número de horas trabajadas y el número de bebidas consumidas, donde los individuos exponían que el alcohol tenía ciertas propiedades para reducir la tensión laboral. Sin embargo, según el estudio realizado por Böckerman, Hyytinen, y Maczulskij (2017), aquellos consumidores habituales de alcohol tienen una productividad laboral menor que la de los no consumidores. Para terminar, en el caso de la edad, el máximo se alcanza a los 62 años.

 

Conclusiones

El estudio se basa en detectar los factores que afectan a la probabilidad de tener un empleo, con una variable control del consumo de alcohol. Además, se estimaron dos modelos para conocer la probabilidad de consumir alcohol, controlando por variables que indican la situación laboral.

Una vez que estimamos los modelos econométricos, podemos concluir que los efectos de las variables son bastante relevantes: Aquellos encuestados que son consumidores habituales de alcohol son también más empleables, en contra de lo que exponían Johansson, Alho, Kiiskinen y Poikolainen (2007) o Terza (2002) en sus trabajos, donde concluyen que la dependencia del alcohol afecta de forma negativa a la probabilidad de estar empleado tanto para hombres como para mujeres. No obstante, los resultados obtenidos para este trabajo van en línea con algunos artículos que tratan este tema, mencionados anteriormente.

Esto nos hace plantearnos entonces: ¿En qué sentido deben ir dirigidas las políticas con respecto al consumo de alcohol? Este efecto, aunque difícil de explicar, puede deberse al hecho de que aquellas personas que consumen alcohol de forma habitual desarrollan habilidades interpersonales que las hace más empleables, ya sea por las propias habilidades o por el efecto de las redes de contactos. Sin embargo, trabajos como el de Cabane (2013) encuentran evidencia del desarrollo de ese tipo de habilidades a través del deporte, por lo que desincentivar el consumo de alcohol y fomentar la práctica de algún deporte, sería una buena forma de mejorar la empleabilidad de los candidatos, promoviendo además hábitos saludables para la salud.

Por último, se dejan algunos posibles caminos abiertos a futuras investigaciones relacionadas con el consumo de drogas y el empleo, por ejemplo, estimando un modelo que relacionara el empleo con el consumo de drogas ilegales, como la marihuana, o actualizando el estudio con los datos de la Encuesta sobre Alcohol y Drogas de 2019.


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Han colaborado en este número: Laia Bosque Mercader, David Cantarero-Prieto, Joan Costa-Font, Modou Diop Wayal, María Errea Rodríguez, F. López-Muñoz, Alessio Gaggero, Jorge Galiana Richart, Anna García-Altés, Pilar García-Gómez, Helena M. Hernández-Pizarro, Adriana Hurtado Zarzuela, Sergio Márquez Peláez, Rocío Martín-Gil Parra, Cristina Martínez Asenjo, Paola Mastrantonio Ramos, Laia Maynou, Ildefonso Méndez Martínez, Ricard Meneu, Patricia Moreno-Mencia, Vicente Ortún, Carmen Pérez Romero, Daniel Pérez Troncoso, Pilar Pinilla-Domínguez, Elena Puerto Casasnovas, Juan Antonio Quesada Torres, Alfredo Rocafort Nicolau, Luigi Siciliani, Rosa Urbanos-Garrido, Joaquim Vidiella-Martin, Cristina Vilaplana-Prieto.