Economía y salud
BOLETÍN INFORMATIVO - Año 2020. Mayo. nº 94
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El tabaco como fallo de mercado: ¿Cómo podemos ayudar?



Marta Trapero-Bertran
Universitat Internacional de Catalunya (UIC) e Investigadora i Directora del IRAPP (Institut de Recerca en Avaluació i Polítiques Públiques)
Universitat Internacional de Catalunya (UIC)
Email: mtrapero@uic.es
Twitter: @marta_trapber

 

Según la Encuesta Nacional de Salud del 2017, el 22,1% de la población mayor de 15 años fuman a diario en nuestro país. Este hábito es factor de riesgo de muchas enfermedades como los diferentes tipos de cáncer, enfermedades cardiovasculares (enfermedad coronaria, cerebrovascular, enfermedad arterial periférica y aneurisma de aorta), la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, etc. También es el principal factor de riesgo que contribuye a los Años de Vida Ajustados por Discapacidad (AVADs) en España. La puesta en marcha en 2005 y 2010 de las dos leyes de medidas sanitarias relacionadas con el tabaco ha ayudado a una progresiva desnormalización de su consumo y ha supuesto una mejora notable en la salud de la población española. Sin embargo, sigue habiendo gente que sigue con el hábito de fumar e incluso que empieza, y como circunstancia agravante, la industria tabacalera ha encontrado nuevos productos relacionados con el tabaco y la nicotina para seguir manteniendo la cuota de mercado y que, actualmente, escapan de la regulación. Los riesgos para la salud de estos productos para las personas jóvenes y para nuevos grupos de población que previamente no tenían este hábito se desconocen.

Si analizamos el mercado de productos de tabaco, desde el punto de vista de la economía, los fallos de mercado que ocurren justifican la intervención por parte del gobierno. Los más evidentes son el problema de información imperfecta de la población acerca de las consecuencias sanitarias (y económicas) del tabaco y, también, de los efectos externos o externalidades que estos productos causan a la población. Estas externalidades se definen como el hecho de que los no fumadores, tanto niños como adultos, experimentan consecuencias adversas para la salud cuando se exponen al humo de segunda mano (SHS, por sus siglas en inglés).

Para detener y disminuir los efectos negativos en la salud del tabaco y su impacto económico se necesita una combinación de medidas para conseguir un control efectivo del tabaco. Como en cualquier mercado, algunas de estas medidas incidirán en la demanda, y algunas otras en la oferta.

Existen iniciativas (iniciativa de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para el Tabaco o la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer de la OMS) que han resumido las políticas e intervenciones más efectivas para reducir la demanda de productos de tabaco. Algunas de estas medidas son: aumentar los impuestos al tabaco, establecer prohibiciones completas de comercialización del tabaco, intervenciones educativas y de apoyo para dejar de fumar y, aumento de los precios del tabaco. Sin embargo, aún hay muchos países que no tienen muchas de estas medidas establecidas. Los impuestos son una herramienta crucial en la intervención pública de este problema. El artículo 6 del Convenio Marco para el Control del Tabaco (CMCT) de la OMS alienta las medidas de precios e impuestos como medios efectivos para reducir la demanda de tabaco.

Del lado de la oferta existen otro tipo de intervenciones como el control del comercio ilícito de productos de tabaco para reducir su consumo y sus consecuencias económicas y para la salud, el apoyo a alternativas económicamente viables a la producción de tabaco y también las restricciones al acceso de los jóvenes a los productos de tabaco. Sin embargo, las compañías tabacaleras no han visto limitado su poder de mercado en los últimos años, sino al contrario, han vivido la privatización de las empresas estatales de tabaco, una intensa ola de fusiones y adquisiciones, una fuerte inversión extranjera, etc. que han ayudado a mantener su estado de monopolio. Por lo tanto, las políticas de oferta no van a ser fáciles y efectivas de implementar, aunque eso no discute que probablemente serían bastante efectivas. En la declaración de Madrid del Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo (CNPT) del 2018 se citan las principales medidas regulatorias que deberían adoptarse en España, siendo algunas de ellas: la equiparación al alza de la fiscalidad de todos los productos del tabaco, tanto de los productos relacionados que contengan nicotina como de los productos novedosos del tabaco; la exigencia del cumplimiento de la legislación vigente sobre el consumo en los lugares públicos cerrados o cuasi-cerrados y en los coches y, la ampliación de la legislación a otros entornos aún no regulados como instalaciones deportivas y de espectáculos, paradas y andenes de medios de transporte, playas y otros espacios naturales, o piscinas comunales; la financiación de aquellas intervenciones clínicas, conductuales y farmacológicas, que hayan mostrado efectividad y seguridad en el tratamiento del tabaquismo; etc. Todas estas medidas propuestas y en debate actualmente en nuestro país deben considerarse como una inversión en salud, y algunas de ellas seguramente, inversiones eficientes.

En este contexto, a veces los economistas de la salud podemos pensar que no tenemos una clara oportunidad de colaborar en la generación de evidencia para la toma de decisiones de problemas de salud pública como éste, pero no es así. Frente a uno de los problemas de salud pública más importantes, ¿cómo puede ayudar la economía de la salud a establecer límites en las políticas de demanda del tabaco?

La respuesta es mostrando evidencia sobre diferentes aspectos que pueden llegar a informar e influenciar las decisiones sanitarias. Uno de estos aspectos sería evaluar la necesidad de la subida de los impuestos en las cajetillas de tabaco y otros productos derivados y las consecuencias de diferentes escenarios impositivos. Otro ejemplo sería la evaluación del impacto de diferentes tipos de regulaciones de los espacios donde está, y no, permitido fumar, y del impacto económico de estas regulaciones. En este momento, se debaten en algunas regiones del territorio y, a nivel europeo, el prohibir fumar dentro de un vehículo, en parques, o incluso en entradas de las escuelas debido a las consecuencias del fumar pasivo en estos espacios. También evaluando la eficiencia de los programas multicomponentes que incluyen intervenciones psicosociales y tratamientos farmacológicos para dejar de fumar. Recientemente, el Ministerio de Sanidad ha decidido financiar unos tratamientos farmacológicos para dejar de fumar, y para tomar la decisión se ha tenido en cuenta evidencia sobre la eficiencia de los diferentes tratamientos farmacológicos para dejar de fumar.

Otra evidencia, no menos relevante, puede ser el evaluar el impacto en coste por AVADs de la exposición secundaria al tabaco, ya que las externalidades del tabaco son costes que deben incluirse en las evaluaciones económicas de estos programas o intervenciones, dado que puede influenciar en un alto grado la recomendación de financiación de éste desde el punto de vista de la eficiencia. Medir e identificar los costes directos sanitarios generados por el hábito de fumar y el impacto en la población también es relevante para poder cuantificar monetariamente estos impactos. Con este tipo de estudios ayudamos a cuantificar el uso de recursos y los costes que nos ahorraríamos si la población dejara de fumar. Por ejemplo, podríamos cuantificar las hospitalizaciones, consultas de atención primaria, urgencias, entre otras, generadas por el consumo de tabaco, que podríamos dejar de generar en el sistema sanitario. También podemos hacer estudios que cuantifiquen el retorno de la inversión del dinero invertido en dejar de fumar, donde compararíamos todo el dinero que nos hemos gastado en hacer acciones para que la gente deje de fumar con el ahorro que se ha generado en el sistema sanitario por la gente que ha dejado de fumar. También podemos calcular el coste social de la exposición al tabaco, para determinar el valor de la externalidad del tabaco pasivo. Y, estoy segura que a muchos de vosotros se os ocurren muchas más ideas o trabajos con los que podemos ayudar a generar evidencia para redirigir este problema de salud pública.

Con este mismo objetivo, y con el trabajo multidisciplinar que nos caracteriza en este campo, podemos generar evidencia sobre otros problemas de salud pública no menos relevantes: consumo de alcohol (especialmente en jóvenes), nutrición, entre otros. A pesar de este progreso, siguen existiendo muchas amenazas, incluido el aumento del consumo de tabaco en algunas regiones del mundo o la posibilidad de que aumente el consumo de tabaco en regiones que aún se encuentran en una etapa temprana de la epidemia de tabaco que son de relevancia universal. Desde la economía de la salud podemos ayudar a generar evidencia para ayudar al control de este problema de salud pública. ¿A qué esperas?


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Han colaborado en este número: José María Abellán Perpiñán, Carlos Campillo Artero, Joan Costa-Font, Beatriz González López-Valcárcel, Sandra García Armesto, Pilar García Gómez, Manuel García Goñi, Ildefonso Hernández, Helena Hernández Pizarro, Pere Ibern, Félix Lobo, Guillem López Casasnovas, Javier Mar, Miguel Ángel Negrín Ricard Meneu, Juan Oliva, Vicente Ortún, Salvador Peiró, María Jesús Pueyo Sánchez, Athina Raftopoulou, Beatriz Rodríguez Sánchez, Manuel Ruiz-Adame Reina Marta Trapero-Bertran, Rosa Urbanos.