Economía y salud
BOLETÍN INFORMATIVO - Año 2016. Noviembre. nº 87
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Un verano (conceptualmente) saludable entre Panamá y Brasil



Beatriz González López-Valcárcel
Departamento de Métodos Cuantitativos en Economía y Gestió
Universidad de Las Palmas de Gran Canaria
E-mail: Beatriz.lopezvalcarcel@ulpgc.es

Mi verano de este año empezó en Panamá y terminó en Brasil. A ambos países me llevó la salud pública, entendida en su sentido más amplio.

En Panamá iba a tener lugar una histórica reunión de la Alianza de la Salud Pública de las Américas (AASPA). Por primera vez, las sociedades de salud pública, desde Canadá y EEUU hasta el Cono Sur, iban a constituirse formalmente como federación, financiadas por la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Allí participé como representante europea (la EUPHA pagó los gastos) y de la salud pública de España, SESPAS. Vivir el nacimiento de algo que quizá termine cuajando y se consolide como herramienta de mejora de las políticas de salud en América (en Las Américas, como les gusta decir y suena tan bien) es emocionante. La Alianza cuenta de momento con 15 países y sigue expandiéndose con voluntad de cobertura plena. Paralelamente, se celebraba esos días el congreso de salud pública de Panamá, con Michael Marmot como estrella invitada. Hizo tres excelentes presentaciones en dos días, el sufrido y cercano Sir Marmot (“Los hay más pringados que yo”, pensé). Sólo por el buen rato que departimos me habría compensado el viaje. Un gran hombre sabio, infatigable, convencido de su misión.

 

 

Siguiendo el programa oficial, presenté formalmente a EUPHA y a SESPAS. Pero lo más interesante resultó ser lo que se cocía por los pasillos (se cocía también porque hacía un calor infernal). Me ofrecí voluntaria para levantar el acta de la larguísima discusión de los estatutos, y con la neutral suiza, que asistía en representación de la Federación Mundial de Asociaciones de Salud Pública, recontamos los votos que terminaron erigiendo, conforme a lo previsible, aunque no por ello menos emocionante, a los cubanos a la presidencia de la nueva Alianza. El nacimiento de la Federación es una excelente noticia para el avance del conocimiento, para la colaboración y la abogacía por la salud, que en algunos países está amenazada de reversión. Personalmente, disfruté mucho con la camaradería de los “aliados”, y con el choque de culturas: los representantes de Canadá y EEUU, como peces fuera del agua, se lamentaban en privado de “too much passion” cuando en los descansos del congreso irrumpía una banda de música y todo el mundo se ponía a bailar salsa.

 

 

Y de Panamá volé a Bahía, pasando brevemente –o eso me pareció- por mi pueblo de Galicia. En Salvador de Bahía se celebraba el congreso anual nacional de ABRASCO, la Asociación Brasileña de Economía de la Salud. De los 171 asistentes, yo era la única extranjera. Invitada por la organización, tenía que dar una conferencia el  último día de mi estancia. No paró de llover torrencialmente en los cuatro días. Planes de paseo abortados, salvo un par de escapadas de restaurante. Las zapatillas de correr no llegaron a emerger desde el fondo de la maleta. Eso sí, semejante inmersión sirvió para mejorar sensiblemente mi brasileiro. Y para corroborar lo grande que es ese país,  la energía que tienen, la ilusión que ponen en todo lo que hacen, y lo viva que está allí la economía de la salud. Es una asociación implicada en la política sanitaria y social de Brasil, reivindicativa, valiente. Tiene un capital humano en alza, jóvenes que trabajan en universidades, también las periféricas, en los gobiernos de los estados, y en Brasilia, donde la agencia de evaluación de tecnologías es equiparable a la de los países más avanzados del mundo. Como AES, la Asociación Brasileña se ha ido multiprofesionalizando y rejuveneciendo, incorporando a más y más jóvenes. En ABRASCO hay menos academia y más gobierno que en AES. Gracias a eso tienen los pies en el suelo. Admiro a ese país desde hace tiempo, pero nunca como en este viaje había sido tan consciente de su potencial en economía de la salud. Asistí a muchas mesas de comunicaciones -12 horas diarias de congreso, qué le iba a hacer, llovía torrencialmente- y hasta la más floja tuvo algún interés para mí y me enseñó algo.

 

 

Estoy convencida de que para AES la colaboración con ABRASCO es una gran oportunidad de inversión. Para SESPAS, participar en la Alianza de Salud Pública de las Américas es un orgullo y una oportunidad de contribuir solidariamente a la salud y a las políticas de salud en ese continente culturalmente tan cercano. Eso es lo que puedo concluir del verano conceptualmente tan saludable que he pasado en 2016.


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Comité de redacción:
José Mª Abellán Perpiñán, Manuel García Goñi, Ariadna García Prado, Miguel Ángel Negrín, Vicente Ortún, Luz María Peña.

Han colaborado en este número: Elena Arroyo-Borrell, Alejandro Arvelo Martín, David Cantarero, Anthony J Culyer, Anna García-Altés, Juan José García Sánchez, Antoni Gilabert, Beatriz González López-Valcárcel, Christian Hill, Pere Ibern, Bengt Jonsson, Gregory de Lissovoy, Félix Lobo, Guillem López i Casasnovas, David Magem, Laia Maynou Pujolrà, Ricard Meneu, Jorge Mestre-Ferrandiz, Alec Miners, Chris Mockler, Jorge Nieto Rueda, José Antonio Nogués Hidalgo, Vicente Ortún, Laura Ruano, Eduardo Sánchez-Iriso, Fernando Ignacio Sánchez Martínez, Björn Schwander, David Taylor, Adrian Towse, Laura Vallejo Torres, York Zöllner.