Economía y salud
BOLETÍN INFORMATIVO - Año 2016. Agosto. nº 86
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Marta Trapero y Juan Oliva han tenido la gentileza de redactar para el Boletín un resumen de su artículo Profesionales de la economía de la salud: quiénes somos y dónde trabajamos, publicado en la Revista de Evaluación de Programas y Políticas Públicas, 2016, No.6:9-27 [LINK], y tres buenos colegas, de escribir sus comentarios sobre dicho trabajo. Los presentamos a continuación con el ánimo de espolear el debate. Vaya, como siempre, por delante nuestro más sincero agradecimiento, máxime en estas fechas en que ya empieza a hacer mella la holganza de agosto.

Los editores

Profesionales de la economía de la salud: quiénes somos y dónde trabajamos



Juan Oliva y Marta Trapero
E-mails: Juan.OlivaMoreno@uclm.es y mtrapero@uic.es

En los años 2007 y 2008 se publicaron dos artículos de Michael  Morrisey y John Cawley (1,2) sobre las actividades de los economistas de la salud en Estados Unidos. Estos trabajos despertaron nuestro interés y nos preguntamos si sería posible dibujar un escenario en nuestro medio que reflejara las características, los intereses y la actividad profesional de las personas dedicadas a la economía y gestión de la salud en España.

Con el apoyo de Cawley y Morrisey, quienes nos facilitaron sus cuestionarios, y con la inestimable ayuda de AES, que nos permitió difundir la encuesta entre sus socios y entre las personas que asistieron a alguna de las últimas Jornadas de Economía de la Salud, en el año 2009 nos lanzamos a la aventura.

El cuestionario abarcaba seis áreas diferenciadas: (i) características de los economistas y profesionales de la gestión de la salud; (ii) formación; (iii) mercado de trabajo; (iv) división del tiempo de trabajo; (v) tipo de investigación desarrollada; y (vi) opinión y percepción de los profesionales en este campo. Realizamos un pequeño piloto entre colegas seleccionados (Quique, Carlos, José Miguel, Bea, Iván, Voro, José Manuel, José Ramón, Ana, muchas gracias) y la encuesta se realizó on-line, de manera totalmente anónima.

Obtuvimos respuestas de 285 personas sobre un universo de 771 potenciales destinatarios (37% de éxito). Las respuestas confirmaron que la economía de la salud en España no es únicamente “una cosa de economistas” (véase gráfico adjunto), así como el marcado componente multidisciplinar de esta actividad, el elevado grado de formación de las personas interesadas en la misma o la diversidad de lugares de desempeño (público y privado) donde se demanda la presencia de profesionales con conocimientos de economía de la salud.

Posiblemente a los lectores les interesarán las respuestas proporcionadas sobre el rango salarial de las personas encuestadas y sus diferencias por sector de ocupación. Les remitimos al artículo para la comparación pertinente. En cuanto a la distribución del tiempo de tareas, las horas de trabajo semanales promedio declaradas fueron 47,5, lo cual nos sitúa en la misma media que nuestros colegas estadounidenses y por encima de la de colegas británicos (40,2) (3). La distribución de este tiempo entre distintas tareas es heterogénea en función del puesto laboral desempeñado, si bien podemos destacar la comparación entre el tiempo dedicado a investigación (45%) y enseñanza y formación (35%) de los economistas de la salud académicos españoles con sus colegas del Reino Unido (70% y 14%, respectivamente).

En el apartado de investigación, los profesionales españoles son altamente productivos, con una media de 11 artículos publicados en revistas nacionales o internacionales en los 5 años anteriores a la realización de la encuesta, libros y capítulos de libro aparte. Las áreas más comunes de investigación fueron la evaluación económica, la investigación de resultados y la gestión clínica y sanitaria.

Ante la pregunta de en qué revista habían sentido mayor satisfacción al ser aceptados sus trabajos o qué publicaciones les habían ayudado más en su proyección profesional, en el campo académico y privado, la revista identificada más citada fue Health Economics, mientras que para el sector público (sin contar el sector académico) la revista identificada fue Gaceta Sanitaria. Entre las revistas más citadas también figuraban Journal of Health Economics, European Journal of Health Economics y Medicina Clínica. Cuando se preguntó sobre la revista donde aún no habían publicado pero les gustaría publicar en los próximos años, Journal of Health Economics ocupaba de manera destacada la primera posición para los profesionales académicos y del sector privado, seguida de Health Economics, mientras que para el sector público (sin contar el sector académico) el British Medical Journal fue la más valorada.

El bloque de preguntas finales se centró en la percepción personal y sobre el medio de trabajo de aquellos aspectos más valorados en el currículum vitae y sobre el grado de acuerdo con algunos mensajes propuestos sobre su entorno laboral. Como era esperable, los elementos mejor valorados dependen del ámbito laboral donde la persona encuestada desempeña su trabajo (académico, público no académico, privado).

En suma, la fotografía fija nos ofrece un panorama de práctica de la economía de la salud en España mucho más diverso y amplio que el proporcionado por las encuestas estadounidense y británica. La economía de la salud en nuestro medio es una actividad profesional multidisciplinar y no está en absoluto limitada al entorno académico de facultades de economía y empresa. El marcado componente multidisciplinar de AES influye de manera decisiva en ello. Forma parte de nuestro ADN y debemos agradecer a los socios fundadores su visión de futuro al crear una asociación con estas y otras señas identitarias, que conforman la cultura AES (4). Si a ello unimos una población encuestada relativamente joven, altamente cualificada y productiva, y una demanda creciente de información en este ámbito, pese a la tradicional falta de habilidad de los economistas en sus predicciones, nos atrevemos a augurar éxitos, parabienes y un ingente trabajo a desarrollar a los profesionales con interés en el campo de la economía de la salud en España en los próximos años.


Referencias

  1. Cawley, J. & Morrisey, M.A. (2007). The earnings of U.S. health economists. Journal of Health Economics, 26:358-372.
  2. Morrisey, M.A. & Cawley, J. (2008). US Health economists: who we are and what we do. Health Economics, 17:535-543.
  3. Kaambwa, B. & Frew, E. (2013). Health economics in the UK: Capacity, constraints and comparisons to US health economists. International Review of Economics Education, 12:1–11.
  4. XXXVI Jornadas de Economía de la Salud. Segunda sesión plenaria: Economía de la salud: ¿mestizaje o contumacia identitaria? Disponible en: [LINK]

Comentarios

La encuesta realizada en 2009 a economistas, gestores, investigadores en servicios sanitarios y en resultados en salud difundida a socios de AES y asistentes a las Jornadas de Economía de la Salud del pasado junio ofrece una radiografía interesante sobre quiénes son y qué hacen los economistas de la salud españoles. Juan Oliva y Marta Trapero diseñaron en su momento un cuestionario que abarca desde la formación hasta los salarios y las características del mercado de trabajo de los economistas de la salud y profesionales de la gestión de la salud. La tasa de respuesta fue del 37% de los afiliados a AES, que pueden ser aquellos más identificados con la profesión de economista de la salud.

Destaca el nivel de formación de los 285 encuestados que respondieron a la encuesta, más de una tercera parte poseía un doctorado y más de un 44%, un título de master. Sólo un 9,3% de los que tenían doctorado habían obtenido el título fuera de España, cifra que posiblemente si se refiriera a los encuestados más jóvenes sería notablemente más elevada. Otro dato interesante es que un 15% declaró estar cursando a tiempo parcial estudios de máster o de doctorado.

El mercado de trabajo muestra signos de dinamismo, sin bien posiblemente las ofertas laborales en otros países de la UE pueden seguir siendo más atractivas para economistas de la salud jóvenes y con buena formación. Entre los aspectos positivos de este mercado de trabajo, se pueden destacar dos. El primero, dos de cada tres encuestados declaró haber recibido propuestas de empleo en los tres años anteriores. El segundo, los salarios son ligeramente más elevados que los de población activa española con nivel educativo similar. El sector público era el principal empleador, pero un 29% trabajaba en el dinámico sector privado, especialmente en empresas farmacéuticas y consultorías.

Jaume Puig Junoy
Universitat Pompeu Fabra

El trabajo de Marta Trapero y Juan Oliva-Moreno describe las características de los profesionales de la economía de la salud en España. Son muchos los datos que se citan a lo largo del artículo, pero en esta ocasión, los árboles sí nos dejan ver el bosque. La conclusión es la siguiente: en España, los profesionales de la economía de la salud gozan de mucha mejor salud que la propia economía de la salud.

España cuenta con un número creciente de profesionales, excelentemente formados, relativamente bien remunerados y que gozan de buenas oportunidades profesionales. En comparación con otros países, la actividad de nuestros profesionales es multidisciplinar y no está limitada al entorno académico. Hay un alto porcentaje de profesionales de la salud que trabajan para las Administraciones Públicas y están cerca de los lugares donde se toman las decisiones.

A pesar de ello, estamos lejos de alcanzar muchos de los objetivos que persigue AES, objetivos descritos al inicio del trabajo. Nuestro sistema sanitario no se caracteriza por su alto nivel de eficiencia y equidad, no existe una cultura de rendición de cuentas ante la sociedad, raramente se promueve el buen gobierno, no se ha generalizado la cultura de evaluación, y la evaluación económica se utiliza más bien poco en la toma de decisiones.

Es cierto que, como reconocen los autores, la baja respuesta obtenida (37%) puede dar lugar a sesgos, y que sería conveniente actualizar la encuesta, ya que el trabajo se realizó en el año 2009. Pero se trata de problemas menores comparados con el problema fundamental, que va mucho más allá de la economía de la salud y nos llena de impotencia y frustración: en España tenemos excelentes investigadores, pero nuestra ciencia está agonizando; contamos con excelentes profesores, pero nuestro sistema educativo está a la cola de Europa; y hay magníficos profesionales que trabajan en economía de la salud, pero nuestra economía de la salud no consigue los objetivos deseados. Tenemos que hacer algo.

José Antonio Sacristán
Director Médico, Lilly España

¡Qué placer poder comentar un trabajo que conoces, sobre el que ya has opinado antes, que lo han escrito dos amigos y que, incluso los legos en la materia, lo entendemos tan bien! Me gustó mucho leer el trabajo hace un tiempo y me gustó también que se hiciera un trabajo de estas características. Claro que me toca utilizar otra gorra distinta de las anteriores: la de comentarista. Espero poder decir algo nuevo (¡ojalá que interesante! -aunque lo dudo-) y, sobre todo, mantengo la esperanza de conservar los dos amigos una vez lean los párrafos que siguen.

El objetivo principal del estudio es puramente descriptivo. El proceso es sencillo: se entrevista a profesionales con interés en la economía de la salud mediante un cuestionario y se informa sobre aspectos formativos, laborales y económicos de los mismos (por razones de espacio no entro en más detalles). Además, se les inquiere para que ofrezcan algunas percepciones individuales de aspectos relacionados con sus investigaciones y sus currícula. Las conclusiones las podemos resumir en dos: i) los resultados confirman el carácter multidisciplinar de los profesionales dada la variedad de ocupaciones relacionadas con la economía de la salud; ii) se necesita más información-investigación para confirmar aspectos adicionales relacionados con el objetivo del estudio y los efectos que la crisis ha tenido (¿está teniendo?) sobre los resultados obtenidos. No me gusta ninguna de las dos conclusiones, porque posiblemente alguien mucho menos capacitado que los autores podría haber llegado a las mismas, tal vez incluso sin encuesta.

Hay otros dos aspectos del artículo que tampoco me gustan: i) que se repita tanto alguna de estas coletillas "de los encuestados", "entre los encuestados", "entre los que contestaron a la encuesta". Los autores pueden incurrir en un ligero desliz cuando hacen referencia a los encuestados porque, potencialmente, hay encuestados que contestaron que no tienen porque ser representativos de encuestados que no contestaron. Al menos difieren en el efecto no observable propensión a contestar encuestas. Como desconocemos los por qués de la falta de respuesta, que pueden ir desde el blanco de falta de tiempo hasta el negro de falta de fe en las estadísticas (pasando por un sinfín de grises), algunas frases del artículo son, como mínimo, aventuradas; ii) que no se utilice la información propia (ambos autores fueron Presidenta/Presidente de la Asociación de Economía de la Salud - AES -) para intentar corregir (en este caso aventurándose) el problema más importante que tiene la encuesta (los autores lo citan): la autoselección de la muestra. Una fuente de autoselección, correlacionada con los inobservables, la he citado en el punto previo. La otra viene de que se encuesta a socios de AES, muchos de los cuales asisten a las Jornadas de Economía de la Salud (es una condición que cito pero que no necesito para las reflexiones que expongo pero la cito por la definición de la muestra que se utilizó, página 12): "se enviaron invitaciones a participar a todas las personas afiliadas a la AES o participantes en las últimas Jornadas de Economía de la Salud con constancia de su correo electrónico".

Supongamos que los que asisten a las jornadas tienen una propensión mayor a contestar la encuesta que los que no asisten. Los primeros han realizado previamente el esfuerzo de hacer un trabajo, después convencerse de que era interesante para otros colegas, en tercer lugar, mandarlo a evaluar y someterse al proceso, finalmente, asistir a las jornadas; por tanto, inscribirse y hacer frente a los pagos. En cualquier caso, de existir una distinción que he escuchado en algunas ocasiones y que se ha denominado el DNI - AES, entonces esta segunda fuente de selección es endógena y difícilmente controlable porque está correlacionada con los inobservables (DNI - AES, para los que son socios AES y/o van a las jornadas) como con casi todos los observables que aproximan formación, ocupación, calidad del curriculum del  investigador, como proxy de tenencia de proyectos de investigación, renta individual, capacidad de gasto de la empresa o institución a la que los profesionales pertenecen, etc., de los que sí asisten.

Termino con un ejemplo que trata de describir los peligros de realizar ejercicios con muestras autoseleccionadas (piensen que se podrían dar numerosos ejemplos similares). Primero, supongamos dos regiones en las cuales existen dos buenas instituciones, públicas o privadas, con profesionales de la economía de la salud. Supongamos que una región es rica y la otra pobre. Supongamos que en la región rica, la institución no tiene restricciones para el pago de la cuota AES a los que desean hacerse socios ni para el pago de los gastos ocasionados por la asistencia a las Jornadas de AES, pero que en la pobre las restricciones son efectivas. Entonces, por ejemplo, los salarios presentados en la Tabla 1 del trabajo constituyen una estimación sesgada de los verdaderos salarios de la población de profesionales de la economía de la salud. Deben notar que donde decimos región rica o pobre, podemos decir institución que obtiene o no proyectos de investigación o seleccionar cualquiera de las variables sobre las que se ofrecen estadísticos descriptivos en el trabajo.

José María Labeaga
Universidad Nacional de Educación a Distancia


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Editores del boletín: Carlos Campillo (campillo@ocea.es) y Cristina Hernández Quevedo (C.Hernandez-Quevedo@lse.ac.uk).

Editora de redacción: Cristina Hernández Quevedo (C.Hernandez-Quevedo@lse.ac.uk).

Comité de redacción:
José Mª Abellán Perpiñán, Manuel García Goñi, Ariadna García Prado, Miguel Ángel Negrín, Vicente Ortún, Luz María Peña.

Han colaborado en este número: José-María Abellán-Perpiñán, Isaac Aranda Reneo, Antonio Blázquez, Carla Blázquez Fernández, David Cantarero, Eusebi Castaño, Silvia Garrido-García, Vicente Gimeno-Ballester, José M. Inoriza, José María Labeaga, Javier Mar, Juan Oliva, Luz María Peña Longobardo, Jaume Puig Junoy, José Antonio Sacristán, Ramón San Miguel, Fernando Ignacio Sánchez Martínez, Marta Trapero, Laura Vallejo Torres y Job van Exel.