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BOLETÍN INFORMATIVO - Año 2014. Abril. nº 79
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El Capital en el siglo XXI: una lectura inexcusable



Vicente Ortún
Universitad Pompeu Fabra
vicente.ortun@upf.edu

Será difícil encontrar un socio de AES que no disfrute con el libro de Thomas Piketty (Le capital au 21è siècle. París: Editions du Seuil, 2013. 976 p.) traducido hace poco al inglés. Como dice en su excelente revisión-resumen Milanovic, la obra es de satisfacción garantizada: no se la lleven de vacaciones porque las desplazará. También puede el lector seguir alguna de las conferencias de Piketty, o incluso asistir a la lección inaugural de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad Pompeu Fabra este 15 de octubre en Barcelona.

Thomas Piketty analiza una colección única de datos de veinte países (elaborada por él y muchos coautores), que arranca ya en el siglo XVIII, para descubrir patrones económicos y sociales clave. Un conjunto único de datos que abarcan tres siglos y más de 20 países, la más extensa base de datos disponible en lo que respecta a la evolución histórica de los ingresos y la riqueza. Sus hallazgos transformarán el  debate y fijarán el orden del día para la próxima generación de pensamiento acerca de la riqueza y la desigualdad.

Piketty muestra que el crecimiento económico moderno y la difusión del conocimiento nos han permitido evitar desigualdades en la escala apocalíptica predicha por Karl Marx. Pero no hemos modificado las estructuras profundas del capital y la desigualdad tanto como nosotros pensamos en las décadas siguientes optimistas a la Segunda Guerra Mundial. El principal impulsor de la desigualdad- la tendencia de los rendimientos del capital, r, a superar la tasa de crecimiento económico, g, amenaza con generar desigualdades extremas que despiertan el descontento y socavan los valores democráticos. Pero las tendencias económicas no son leyes divinas. La acción política ha frenado las desigualdades peligrosas en el pasado, dice Piketty, y puede hacerlo de nuevo.

En el muy largo plazo, la fuerza más poderosa que provoca el aumento de la desigualdad es la tendencia de la tasa de retorno del capital, r, a superar la tasa de crecimiento del producto, g. Durante el período 1700-2012, la producción mundial ha crecido en un 1,6% anual en promedio, incluyendo un 0,8% debido al crecimiento de la población y un 0,8% debido al crecimiento de la producción per cápita. Esta cifra puede parecer pequeña, pero en realidad ha sido suficiente para multiplicar la población del mundo por 10: de 600 millones a siete mil millones de habitantes. Según las previsiones de población de las Naciones Unidas, esto parece poco probable que vuelva a suceder en las próximas décadas o siglos. De hecho la población ya ha comenzado a estabilizarse o incluso a disminuir en varios países europeos y asiáticos. El crecimiento de la productividad sin duda puede continuar para siempre, asumiendo que inventamos energía limpia. Pero en cualquier caso, probablemente no será superior a 1 a 1,5%. En cambio, las tasas de rendimiento del capital pueden ser de 4 a 5%, mayor incluso para las carteras de las grandes fortunas. Contrariamente a lo que Karl Marx y otros creen, no hay ninguna razón natural para que las tasas de rentabilidad caigan en el largo plazo. De acuerdo a la lista de multimillonarios globales de Forbes, la riqueza en la cúspide ha aumentado de 6 a 7% al año durante el período 1987-2013, es decir, más de tres veces más rápido que la riqueza y el ingreso per cápita mundial. La historia sugiere que este tipo de nivel de desigualdad no sólo es inútil para el crecimiento, sino que también puede dar lugar a una captura del proceso político por los plutócratas. Ésta amenaza directamente a nuestras instituciones y valores democráticos.

La solución ideal es un impuesto progresivo sobre la riqueza neta individual. Esto fomentará la movilidad de la riqueza y mantendrá su concentración bajo control y escrutinio público. Por supuesto, otras instituciones y políticas también pueden desempeñar un papel importante: la inflación puede reducir el valor de la deuda pública, la reforma de la ley de patentes puede limitar la concentración de la riqueza, etc.

Acabemos rebajando algo el entusiasmo para no estropear la satisfacción del socio de AES fomentando unas expectativas desaforadas. Y nadie mejor que Acemoglu (coautor del otro libro de lectura inexcusable, Por qué fracasan los países): "Piketty sostiene que existe una tendencia natural hacia una desigualdad muy elevada en las economías capitalistas (el término capitalista no es mi favorito) y que ciertos eventos inusuales (guerras mundiales, la Gran Depresión y las respuestas políticas al mismo) han reducido temporalmente la desigualdad. Después, tanto la desigualdad de los ingresos y la desigualdad entre capital y trabajo han vuelto de nuevo a sus niveles normales. No creo que los datos nos permitan llegar a esta conclusión. Todo lo que vemos es ese patrón de caída y subida, pero muchas otras cosas están sucediendo. Es coherente con lo que dice Piketty, pero también es compatible con ciertos cambios tecnológicos y discontinuidades (o globalización) que han provocado un aumento en la desigualdad que puede estabilizarse o incluso revertir en las próximas décadas. También es coherente con la dinámica de cambio en el poder político, siendo éste un factor importante en el aumento de la desigualdad en las economías avanzadas. Bien podemos estar viendo partes de varias tendencias diferentes respaldadas por diferentes shocks importantes, más que la dinámica de regresión a la media que Piketty singulariza."


Los comentarios sobre la noticia:

nada nuevo que no sepamos (grosse daniel / 15/06/2014 17:01:23)
me parece un pensamiento coherente,con algunas contradicciones y dotos inportantes q no deben de faltar, como la reduccion de pobreza de los ultimos 30 años,un libro mas q interesante propio de la epoca q vivimos.



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Han colaborado en este número: José María Abellán, Pieter Bakx, Josep María Borràs, Manuel Correa Gómez, Patricia Cubí-Mollá, Manuel Flores, Ariadna García Prado, Àlex Guarga, Pere Ibern Regás, Guillem López Casasnovas, Ángel López Nicolás, Celia Muñoz, Enrique Oltra Rodríguez, Vicente Ortún, Marisol Rodríguez, Joan Subirats, Marta Trapero-Bertran, Laura Vallejo Torres, Cristina Vilaplana Prieto.